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326 FR. EUSEBIO GARCIA DE PESQUERA ponía animosamente a la difícil tarea... Para no sucumbir t~ema– siado pronto, a veces semicerraba los ojos y procuraba com•er de prisa. Pero casi siempre, antes de dejar del todo satisfechos a los suyos, le faltaban las fuerzas, y quizá se echaba hacia atrás, murmurando con gesto de vencida: ,«No puedo másn. Días hubo en que rpor llevar demasiado adelante su esfuerzo, Ie fué preciso levantarse apresuradamente de la mesa para ... ir a devolver lo que había comido. Nadie sufría tanto como su mamá por el poco comer de Jose– fina ; pero se guardaba muy bien de aumentar el trabajo de la pobre hija con ,palabras desagradables o malhumoradas. El pa– dre y los hermanos no tenían siempre la misma delicadeza... ¡ Como si eHa fuese la única culpable de que le costara tanto el comer! La verdad era que siempre había tenido :muy poco apetito. Su madre se acordaba bien de sus años de niña, cuando aún vivían ,en el pueblo y ella iba a la escuela. Para cada tarde le preparaba ,con gran cariño su meriendita, poniéndole entre el pan algunas cosas que gustan •a todos ,los niños... Bastantes días resultaba trabajo perdido: a la mañana siguiente •aparecía quizá la merienda sin tocar, olvidada sobr,e cualquier banco de la es– cuela {cuando no se la había regalado a una compañera pobre, o había servido para alimentar a los pájaros). Más de una vez pudo observar la madre c6mo aquella su Josefina. que tan poco se parecía a las demás niñas, por sus gustos c<rarosn, por su incli– naci6n a observar y pens,ar ,en siJencio, se ponía, mientras corrían y jugaban las otras, a desmigajar el ,pan de su merienda echán– doselo a los pajaritos que revoloteaban de los ,árboles al suelo, o a cualquier gallina que pasase por allí. Otra cosa que se pr,opuso Josefina ofrecer a la Virgen en el mes de mayo fué el hacer mayores esfuerzos por dominarse en el trato con los demás, mostrándose más amable con ciertas per– sonas. Ella era incapaz de hacer sufrir deliberadamente a nadie, era también exquisitamente femenina; pero a veces tenía reacciones muy bruscas, cansada de que se metieran con ella, o no pu– diendo soportar la insustancialidad. la ordinariez, o la boba pe– dantería de algunos.
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