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322 FR. EUSEBIO GARC!A DE PESQUERA La lucha, sorda por lo general, continuó durante toda una semana. Los adversarios de «Avan2ladillan contaban con un seguro triunfo, pues tenían el poder, aunque no les sobraran razones. Bastaba hacerse sordos a cuanto alegasen el P. Fidel y los suyos, e invocar los episodios desagradables que podían acontecer de salir el periódico a la calle, pues «los de V,eteri– naria están muy excitados». Poco se hada, desde luego, por calmarles. El de la Peña ,«E» que tenía ,cargo en el S. E. U. calen– taba cuanto podía los cascos a sus compañer,os, y el mismo De– legado Provincial de Educación Popular, Isacio Diextm, aunque se mostró siempre muy cortés con el P. Fidel de Peñacorada, entre sus alumnos de la Facultad tenía algún desahogo que ayu– daba muy poco a la concordia. En el curso de una clase dijo cierto día: «No sé si será alumno d,e esta F,acultad quien ha escrito eso de ccAvan:lladillan ; pero si lo fuese, era como para romperle la cara». Así se lo contó por lo menos a Cordón Váz– quez un ami,go suyo, que no sabía nada sobre su ¡participación en el periódico de l 1 as Secciones Juveniles de la V. O. T. A mediodía del viernes el P. Fidd recibió un gran sobre .de Madrid. Lo abrió inmediatamente... j Allí estaba la solución y el triunfo ! El Director General de Prensa autori2laba con su sello y firma la salida del tercer número de «Avanzadilla» tal como había sido imrpreso. Cuando por la tarde se lo ;pr,e,sentó al Delegado Provincial, éste quedó de una pieza, pues no había tenido la menor sospe– cha de que se llevara el asunto al Ministerio. Apenas acertaba el hombre a decir algo coherente. Habla– ba... , se cortaba, volvía a empezar, repetía... : él nada tenía que objetar, habí,an sido únicamente cosas de,l censor, porque él siempre... ; -en fin, si ,lo autorizaban de Madrid. estaba todo .muy bien... ; ipero. daro ... ; en fin, se lo comunicaría al censor, que echa procedido con la mejo.r voluntad» ... , y era una pena por el muchacho, pues no merecía aquel disgusto ... ; quizá presentara la dimisión... ~Bueno, ¿ y cuándo piensan ustedes vender el periódico? -El domingo, naturalmente. Ya hemos tenido que esperar bastante. -¿ Y no sería mejor que se abstuvieran de venderlo por las

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