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320 FR. EUSEBIO GARCIA DE PESQUERA su defensa~. Ante todo, hemos de ser,vir a Dios, porque El se lo merece, ,porque el alma es primero que el cuerpo, y antes somos cristianos que ,españoles. P,ero sa~emos también ,que hemos nacido en una Patria, y que es necesario servirla, y que hoy quien ,encarna o representa a la Patria es Franco. A este Caudillo temporal le servimos con mayor lealtad que muchos que tal vez le invocan con exceso y luego sólo atienden a «si– tuarse» hien. Hay quienes -viven de la Pat6a, no ¡para la Patria. Nunca nos ha gustado mucho el celo exagerado en rendir apro– baciones y aplausos a los que mandan: se anda cerca del servi– lismo, de la innoble lisonja o de la ,traición. »En fin, téngase en cuenta lo que decíamos antes sobre que «un texto se explica por ,su contexto». Si nos ,atuviéramos a la mentalidad del señor censor, habría que suprimir en lo escrito casi todas las referencias históricas, pues fácilmente pueden ser mal interpretadas por ignorantes y malvados.n Vale la pena transcribir el contexto de la frasecita tachada ; en él se refleja admirablemente la actitud espiritual de quienes habían sacado <<Avanzadilla» como una bandera en ,alto. «..• ·fiermpo de desbarajuste y desconcierto nos ha tooado vivir. Las juventudes de todos los climas _y de todas las <ten– dencias se muestran unánimes tan sólo en una cosa: en buscar con urgencia una Doctrina, un guía, o Caudillo, un sentido para la existencia, una luz. Y las ,generaciones de la hora actual, erradas o no, van tomando sus posiciones. Nosotros también hemos sentido dicha inquietud, y hemos buscado nuestro Jefe. Cuando andábamos en su busca, nos dimos afortunadamente cuenta de al.go ,que todos palpan y saben, ,p-ero que muy 'pocos toman en seria consideración: nos dimos cuenta de que todo pasa, todo acaba... , y que, sin ,embargo, «nosotros somos porta– dores de valores eternos». »Y entonces nos decidimos a algo, que ahora, a nuestros indiferentes amigos de café, les parece absurdo e incomprensi– ble. Decidimos romper con todo, saltar por encima de todo, cos– tase lo que costase, para, al fin, tener 1por verdadero señor nues– tro un Caudillo que no se nos pudiera morir. JJj Y sólo hemos encontrado Uno!. .. cuyo nombre, ,antiguo y nuevo como la eternidad, es conocido por casi todos los hom-
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