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318 FR. EUSEBIO GARCIA DE PESQUERA nismo es intrínsecamente perverso, y no se puede admitir nin– guna colaboración con él, ipor parte de Jos católicos. »Nosotros no somos responsables de que algunos lectores nuestros sean ca,paces de ,«confundir la ,gimnasia con la magne– sia». Si las razones del ·censor valieran, habría que destrozar to– dos los periódicos y publicaciones, pues siempre se ,encontrarán en ellos frases que, arrancadas de su contexto, pueden dar p1e para torcidas interpretaciones. Regla elementailísima de herme– néutica o ex;égesis es que un texto cualquiera se explica por su contexto, es decir, atendiendo a lo que antecede y lo que sigue. Pues bien: en el caso de nuestra frasecita creo que todo está suficienl:elIIlente daro ; lo que se rechaza es el tÍJpo de hombre «chaquetero» y vividor, el tipo despreciable de quien sólo busca sus intereses, de quien no vive para 1a verdad sino para ,eJ me– dro, y busca 1por eso quedar bien con todos, volviéndose hacia la derecha o hacia la izquierda, se,glÚ.n sople el viento, dando Ia razón y tendiendo '1a mano a todos, para que de todos provenga alguna utilidad. »Frente a un tan vil tipo de hombre nosotros hemos querido alzar el tipo de... Relea, relea usted lo ,escrito en {<Avanzadilla», y se convencer,á. » Lo ,que invitaba a releer estaba en el ,a,partado ccCARTAS A LA DIRECCION», y dentro de una réplica a ,C'Íerto Sr. C. V. Después de muy cortés introducción, se le decía al desconocido comunicante : 1«¿ Que a qué viene este tono muevo, dogmático, decisivo? -M~re usted, Sr. C. V.: somos jóvenes, y a los jóv,enes gusta dedr las cosas rotundam,ente ; somos cristianos, y el cristiano sak que sólo él posee la VERDAD, y por tanto, s6lo él tiene derecho ,a hablar alto, sin vacilaciones; somos españoles, y Es– paña no es el país del ·lenguaje suave y blanducho, ni la patria de los té=inos medios, ni el olima ipro,picio 1para las políticas de ,ccmano tendida» hacia la derecha o hacia la izquierda. No podemos ser tan hellacos que estrechemos la mano de cuantos haya en nuestro camino, dióéndoles a todos ,con ciudadana insin– ceridad: ,«j Oh! usted está en lo justo... Usted tiene muchísima razÓnlJ. Preferimos decil'les a la ,cara, franca y caritativamente
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