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TEMPORAS DE PRIMAVERA 317 e <indecencia en el que muchos pueden naufragar par,a siempre. » 1 c Volveremos a contemplar por -las calles el desdichado ,c,ar– tel 1 «HOY GRAN BAILE DE VETERINARIA - Peña ,ccE»? Mucho nos fo tememos. Pero quede aquí bien claro que todos tenemos derecho ,a ,es1perar de los estudiantes mayores muestras de amor ,a ila 1 cu:tura, una seria 1preocuipaci6n por su formaci6n cabal y perfecta. Porque hasta ahora ·todas las actividades de la Peña 1 «E», y de otros v,arios dubs estudiantiles, se han reducido a organizar juergas y bailoteos, que ,lo mismo o mejor podían ser organizados por dubs de ne.gros o taberneros de arrabal. Y esto, francamente. es ver:gonzoso. ll · En 1,a tarde.del lunes reoibi6 el P. Fidel, a nombre del ccseño;r Director de AVANZADILLA», un oficio del Delegado iProvincia1 comunicándole los motivos que el censor ,alegaba para impedir la publicaci6n de aque1J t-ercer número d,eJ peri6dico. A la mañana siguient-e era deipositada en las oficfoas de la Deleg,aci6n la réplica del P. Fidel : «Camarada: »Contesto punto por punto a las razones que aduce el censor para oponerse a ,que se ,divulgue ,eJ tercer númern de 1 «Ava.n:za– dilla», ya ,c-onfeccionado desde el sábado. »PRIMERA: empleo de frases ambiguas.-Se señ,a,lan concre– tamente dos frases ; una: «ni es nuestro clima el más propicio para las políti.cas de la mano tendida ... ii Sobre ésta tengo que decir, que s6lo con una ,gran ignorancia se puede ,confundir la polftica de cela mano it:endidall con la que podemos Uamar política de ,«la man:O extendidall, propia ·d-e nuestra Fa,lange española. llLa política ,de la 1 ccmano <tendida)) tiene ya un signific,ado preciso, histórko, que conoce todo aquel que esté regularmente informado sobre la vid,a política de Francia ,en los ,últimos lustros. Fueron las juventudes comunistas las que 1propugnaron una po– lítica de «mar.o f!endidall a los jóvenes católicos, con la finalidad .aparente de trabajar juntos en u:i mejoramiento de ,las condicio– nes sociales, pero con la secreta finalidad de engancharles muy arteramente ,al carro de su movimiento. Contra el peligro que amenaza se levant6 iya Pío XI, publicando (19 marzo 1937) su enddka '«Divini Redemptorisll, en que declaraba que el comu-

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