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306 FR. EUSEBIO GARCIA DE PESQUERA dedoras callejer.as de ,«AYanzadilla», para no morirnos de hambre. ~¡ No hay ,peligro 1-replic6 la oma-. Estoy casi segura de que los mismos que hacen e,l peri6dico ... Ya veremos si esos mo– citos no vuelven por aquí. Yo no me fío ya de nadie. Muchos que andan ,por ahí gastando los bancos de las iglesias, después de pasada la hora de los r,e:ws, son tan sinvergüenzas como los demás. No hay más que hip6critas y .falsos en este mundo. -Oye, pues parece que este peri6dico no ,va a tener muchas contemplaciones con esas hipocresías que tú dices. Mira lo que pone aquí. Su dedo señalaba hacia la mitad inferior de la última pá– gina. Un buen dibujo mostraba allí la .figura de cierta muy fina señorita, con ,el .atuendo ,pr·opio de las ,ccelegantes» españolas de ciudad en día de Jueves Santo. Pero ,en aquel atuendo había dos pequeños ,«detalles» muy a tono con la línea actual de Ía moda: una excesiva brevedad en la brillante falda negra, que apenas alcanzaba ,a las rodillas, y una excesiva amplitud del es– cote, que dejaba ,a las miradas de cualquiera bastante parte del pecho. Contorneando la figura aparecía escrito lo siguiente: «En casi todos nuestros peri6dicos se publicarán el sábado fotografías con este pie: «Grupo de bellas señoritas recorriendo los Monumen– tos del Jueves Santo, ataviadas con la clásica mantilla española.il »No tenemos nada que decir oontra la •elegancia de la mantilla, ni contra la belleza de sus portadoras (aunque alguna vez poda– mos dudar, con permiso de los periodistas). Sobre lo que no estamos muy conv•encidos es sobre la devoci6n de estas •elegantes visitadoras de Monumentos. Lo que menos les importa a ellas es Jesús Sacr,amentado, sus ·Monumentos y sus iglesi,as... ; s6lo bus– can exhibirse, que las miren, y •las admiren. j lgual que si fueran a los toros o a una ,«fiesta de sociedad» ! Se ponen hoy la man– tilla, los finos guantes, y el lujoso vestido negro," oon el mismo espíritu frívolo con que, por ej,emplo, pasado mañana se pon– . drán un indecente traje de noche para irse a cualquiera de los muchos locales donde ya se escarnece la Semana Santa cuando aún no ha terminado.» -Oye; pegan fuerte, ¡eh! -Me alegro. e Qué se creen esas señoritas orgullosas? e Qué
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