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304 FR. EUSEBIO GARCIA DE PESQUERA -Dejaos de exclamaciones, y dadme más .números, que no hay tiempo que perder. Desipués del Victoria, recorrieron otr,o pequeño bar de la mis– ma calle... , y se encontraron al poco tiempo con que tenían bastante dinermo en los bolsos, y ningún ejemplar de ccAvanza- diHa>i en las manos. , Corriendo casi, se volvieron a San Francisco. FeHzmente, encontraron al P. Fidel en la ,portería, y -empeza– ron todos a la v,ez: -Padre... -Bueno, silencio. t Cómo por aquí tan pronto? (Apenas había transcurrido una media hor•a.) ¿ No había nada que hacer? Ante las atropelladas respuestas que salían de todas las gar– gantas, Valentín Negrete hizo un ,gesto que querÍa decir: «Haced el favor de caUar, y dejad a mi cargo el dar explicaciones.» Em– pezó a sacar solemnemente de sus bolsillos •«perras», reales y pesetas... --'C Qué •le parece que ser,á esto? Hay otro tanto en los bol– sillos de mis compañeros... ¿ Que si no había nada que hacer? Mfr,e a ver ,cuántos periódicos traemos. j Venimos por más ! -Pero ces ,posible? Chico, si la cosa sigue así, tendremos que nombrarte Administrador de «Avanzadil1a». Pero sin sueldo, j eh ! Llevando un nuevo brazado de •periódicos cada uno, volvieron a alejarse los vendedor,es camino de la ciudad. Eran las doce y diez minutos del mediodía del Jueves Santo. Ahora pisaban firme. Iban hasta dispuestos ,a vocear valiente– mente el periódico, si resultara ¡preciso. Pasaron ante la ,puerta de un conocido •«café cantante». bien «conocido» ipor su nada honesta fama. ~Oye, ¿y si entráramos aquí? -j Qué sé ,yo, hombre! No faltará quien venga después es– candalizoándose... -i Bah! Que digan lo que quieran. Yo nada malo encuentro en metemos aquí para lo que v,amos. La gente de estos lugares

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