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294 FR. EUSEBIO GARCIA DE PESQUERA La ¡yrocesión del Nazareno, en las horas vespertinas del Do– mingo de Ramos, resultó aquel año más devota, seria y orga– nizada que nunca, y con bastante mayor núrrnero de terciarios. Era tal procesión como la ,gr,an ocasión de ,gala de Ia Herman– dad. cuando tenía aún externa brillantez aquello d.e ((hermanos de Penitencia» •con que San Francisco había designado primera– mente a sus seguidores de la ter-cera Orden. Los cantos peniten~ ciales, el •«rosario de lia buena muerte» con su tradicional y repetido estribillo: «Dainos (dadnos), Señor, buena muerte, por tu sanHsima muertell, la seriedad y compostura con que :pasaban las largas f-ilas de Hermanos y Hermanas, el •ascético aspecto de los estudiantes teólogos capuchinos, que, distribuídos estratégicamente en gru– pos ,por medio de la procesión, iban dirigiendo rezos y ,cantos... , contribuían a dar impreión de muy austera religiosidad, dejando por las calles del viejo León, a la hora de un buen atardecer, el mejor ,pregón de la Semana Santa. El Nazareno, vestido de rica túnica de terciopelo morado, atraía poder:osamente las miradas, y con su presencia cortaba en seco cualquier porte o gesto frí– volo que pudiese haber 1por ciertos espectadores. En actitud de estar como caído bajo la gran Cruz, rodilla en tierna y apoyándose oon la mano derecha ,en el suefo, conservaba, sin embargo, no– blemente altiva la frente •punzada de espinas, y sus ,ojos mira– ban... miraban de tal manera, tan a lo Redentor que ha de juz– gar, que IIlÍnguna •conciencia poco limpia era capaz de sostener la mirada ,de aquellas inm6viles pupilas, y las frentes se incli– naban a su paso, y en las conciencias había cosquilleos, y muchas rodillas tocaban inconscientemente el polvo de la calle. Los jóvenes ter-ciarios quisieron aquel año tomar :parte más activa en la procesión, dar dar.as pruebas de que la ,considera– ban muy .suya ; y así, pidieron tenet ellos el honor de llevar la sagr:ada imagen. Sólo a medias condesoendió el P. Fidel con tal deseo: la llevaóan sólo algÚn rato, 1pues se había de respetar la simpática •tradición de que fueran mozos de ,la Soharriba -quienes viniesen a ,«pujar por el Nazareno», y debían 1coIDQ)render tam-
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