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TEMPORAS DE PRIMAVERA 293 a su difícil amor-. «Vien del Líbano, amada mía, ven; ya llegó la la hora de ser ,coronada>>. >>e Qué aguardará, en cambio, a las •«listas}), a las que «súpié– ron viviTJJ ? Sobre sus tumbas caerán tristemente las lágrimas d'e las nubes, que todos los otoños lloran, sin s,aberlo, la pérdida. inútiJ de tantas existencias}). IV En bastan~es chkas terciarias había ciertamente «primav,era)}. Algunas cantaban, sintiéndola con honduria, l,a letra de cierto pequeño himno : ccAl florecer mi primavera, me he puesto soñadora ante la vida: y he sentido la emoción de algo grande que me espera, !i la llamada ideal del miás alto destino, que me invita.)) No estaba el P. Fidel demasiado satisfocho de l,a calidad li– teraria de aquella letra, compuesta por él algÚn tiempo antes ; pe,ro, al menos, quería decir algo. Las jóvenes que la sintí,eran, no caerían de plano en la vulgaridad. Sí, en bastantes chkas terciarias apuntaba ya una floración que bien parecía ,«mostrar en esperanza el fruto cierto». Mas ¿ ocurría lo mismo con los chicos~ Durante la ,:,uaresma. y ,arreglándose como podi:an-que casi siempre era nal-en la tribuna de la iglesia que esfaba al lado izquierdo del presbiterio, había tenido el P. Fidel varios cona– tos de «retiro espiritual}) par,a fos muchachos; y ... algún fruto se notaba. Ft:.er,on ,,entrando más por la: piedad; varios empeza– ron incluso a ,comulgar casi diariamente ,(demasiado rpocos para lo que el P. Fidel hubier.a querido). Y todos, al lle~ar l,a Se– mama Santa, se dejaron ver asiduamente por San Fr.anciscti, con– curriendo a fos soiemnes cultos organizados por la V. O; T.: misa de Hermandad por la mañ:ana, solemne rosario y ivfa-crucis con' ipredkaci6n, por la tarde.

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