BCCCAP00000000000000000000753

284 FR. EUSEBIO GARCIA DE PESQUERA yo de cosas... j Cómo si a mí no me gustara divertirme ,como a la más pintada ! ¡ Menos mal que Jesús me ayudó mucho ! Al día siguiente se empeñaron en llevarme con ,ellas al cine. y mi madrina me dijo que fuera, más que nada por ver s,i así se me pasaba la morriña ; pero ni a la de tres. Cuando regresamos a casa venía peor. ))Padre, pida mucho por mí. j Si viera estos días qué sola me encuentro ! Parece como si el Señor se hubiera oividado de su ccmimosita)) y no quisiera nada con ella... Pero yo, no obstante, le sigo queriendo cada día más. »Mi hermana está cambiadísima. Comul,ga cada ocho días y tiene una manera muy distinta de ipensarr. Sin embargo, tengo un ,primo que cada dfa ,parece más bruto. Es un salvaje. JJBueno, Padre, escríbame algo si puede; aunque sea muy poquito, pues me dará una ,gran satisfacción. Pero, sobre todo, téngame presente en sus oraciones como yo fo hago de todo corazón con usted en las mías. n Algunos días már tarde recibió el P. Fidel otra carta. Esta, de la madrina, contándole cosas de la operación: había salido todo muy bien, y María de la Gracia se recuperaba rápidamente ... Era la ccniña mimadan de la clínica; méd.Icos, religiosas y enfer– meras se desvivían por ella: les encantaba su buen humor, su delicadeza ipara molestar fo menos 1posible, aquella simpática mezcla de ser tan iuiciosa con modos y rasgos de niña... Se habían celebrado mucho las cosas que ella decía cuando lenta y penosa– mente iba saliendo de la anestesia de la operación: hablaba con la Virgen, que •ccestaba •a su lado, sonriéndola y acaricián– dola ... -¡ Qué hermosa eres, Madrecita mía! ¡ Y qué hermosos son estos ángeles que te acompañan! ¿Por qué no me llevas contigo? Yo quiero ir al cielo... Yo quiero ir al cielo ... No sé si seré tan mala e.orno dice mi madrina ; dice que soy muy terca, y poco obediente en ocasiones, y que tengo mucho .genio... Pero Tú me quieres, a pesar de todo, ¿verdad? Y no estás muy des– contenta de mí». De cuando en cuando i,nterrumpÍa sus expan– siones para quejarse semiinconscientemente con habla de niña pequeña: ,cc•j Ay! j Cómo me duele!. .. ¡ Ay 1 ¡ Cómo me duele!)) ... La madrina, instalada a su cabecera, le susurraba entonces al oído: ccTienes que ofrecérselo todo a Jesús y a la Virgen.n Abría

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz