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282 FR. EUSEBIO GARCIA DE PESQUERA y aromas y algazara, pero también tiempo de amores de las almas limpias, dar,as, con Jesús. Y añadía: Al llegar la primavera, gentilmente, con el coraz6n ardiente, / esús os llam6 a su vera: y aquí estáis, hermanas nuevas... ¿No queríais vivir a ciegas, y aquí vinisteis por luz? Pues el amor de. la Cruz será Luz y Primavera, aquí, en la Orden Tercera, aquí, junto al buen Jesús.» Les gustaría seguramente conocer su ,«nueva casan. Pues era muy fácH mostrársela en seguida. Aquí está la escalera : ccPrimer escal6n, la tierra; y en el cielo está el final. ¿ Y el comedor? -Pasad, pasad, ¡ qué alegría! aquí tenéis vuestra mesa: es la santa Eucaristía. ¿ Vuestra familia? Aquí está: no falta Padre ni Madre; y de hermanos y de hermanas, j la seráfica Hermandad!» Cordiales aplausos acogieron los últimos versos. Aquel acto <Csin pretensiones» había despertado el mejor eco en los espí– ritus. María de la Gracia llevaba ya algún tiempo quejándose de molestias, y en ocasiones, de muy fuertes dolores... Al fin, dic– taminaron .Jos médicos que tenía inflamad6n de apéndice, y que era conveniente operarla cuanto antes. A primeros de abril sali6 ,para Madrid acompañada de su madrina. Allí tenían c,asi toda la familia ; allí podría ser muy

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