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TEMPORAS DE PRIMAVERA 273 llamar Duce, ::1i Führer, ni Conductor de pueblos... Hace siete siglos hubo un caudillo sorprendente, desconcertante, cuyo cau– dillaje se mantiene fresco y espléndido a través del tiempo y d,e,l espacio. ))Ese caudillo se llamaba FRANCISCO DE ASIS... ,, Ei muchacl:o leía ,con la mayor atención. Estaba descubriendo horizontes insospechados. Voces 1 amigas, nunca oídas hasta en– tonces, :parecfan hablarle al alma... Sí, todo aquello ,pareda traer mensajes de esperanza, y la segu::-idad de que en la vida existían ,aún cosas por las que valía 1a ipena l,uchar. Todo aquello era muy distinto de como é,l se lo había ima,ginado. Y ,empezó a darse cuenta de su propia situación... El era tan sólo, en el alma, un infeliz ,cmecesitadolJ que únicamente podía ,repartir seco or– gullo. Sí, ,a pesar de todos sus alardes de suipeyior hombría, no ,era más que eso: un pobre hombre. Y su ,ccposelJ de joven avan– zado que ya ,e;;;tá de vuelta en todo, ¿ no era acaso la máscara con que tr 1 abaha de ocultar a sí mismo y a los demás su ¡propio foacaso, su miseria, su devastado interior? A,quel revuelo de pensamientos y pre,guntas terminaron de– jándole el alma como en carne viva ; y eil alma así, duele... Mas también hacían posarse sobre su espíritu un no sabí,a qué de bienhechor, cual si al fondo de su mísera oscuridad empezase a dairear una :uz. Dobló 1 «Avanz,adiHan y lo dejó sobre el sillón; se foé a ,cenar. Lo que .faltaba, que ,a:úin era bastante, lo leería luego. En la mesa habló poco. Y ,apenas se daba cuenta de lo que hablaban los demás: tenía }a atenc,ión ausente. Apenas terrninó, dijo a su hermana: «Me voy 'ª llevar a la cama eso ,que has traído. Me entretendr,é con ello antes de dormir.» Y leyó, y leyó ... «San Francisco y el Evangelio>J, por el Pa– dre Hil.arino Felder de Lucerna; un articulito sobre Ia caridad, por una chica desconocida; c<La duquesa de Turingia. Historia del siglo X!IlJ, que era una primera «entregan d,e la historia de Santa Isabel de Hungría escrita por el Conde de Montalem– bert... Lle,gó a la última página. Aquello parecía ser más inte– r,esante. Un gran título:

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