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TEMPORAS DE PRIMAVERA . 263 amor, guerra y esperianza, resonó al final como en las mejores ocasiones. La tarde de aquel mismo día, 9 de fobrero, Femando Cordón Vázquez fué -~ habla•r con e,l P. Fidel : -Padre, ¿no sabía usted que yo perte111e2;co al S. E. U. de Ve– terinaria? Esta mañ,ana he estado en el salón. Me ha gustado su discurso. -Bueno, ho,mbre. Prues a mí no me disgusta que la cosa hayia sido de tu gusto. -,No sólo me ha ,gustado, me ha hecho reflexionar, y añorar... Reflexionar sobr,e el ,espíritu que debemos tener en el serv1c10 de la Patria, y más aún sobre la falta de espfoitu que me ,pa– re•ce tenemos en el servkio de Dios. El P. Fidel, que en las palabras dd joven recibía como un vago eco de sus propios pensamientos, le dijo: -,-Quizá tú hayias <<r,eflexionado» hoy sáilo; yo vengo re.fle– xionando hace mucho tiempo. El estilo de José Antonio, su pensamiento, su palabra, el espíritu que procuró infundir en su ~alange, lo creo sendllamente magnífk-o. ¡ Y cuántas veces he ,comparado todo ello con la falta de •«temperatura» que se nota en muchas de nuestras organizaciones católicas I Servir generosamente a la patria es a,lgo ,gr,ande; pero, e no está por encima de todo el fiel servido de Dios? ¿ P,or qué en ,éste ha de palparse tanta floj,edad ? Comprendo pe,r.fectamente los muy di– f e-rentes obstáculos que dentro y fuera de ,cada hombre se opo– nen a uno y otro, p,ero ... ,,Bien, ¿ y qué es lo que añorabas? ~Pues eso: runa m:ayor «tem,pera·tura», ,como usted dice, ,en– tre nosotros. Cierto espíritu militante, y alguna tarea que ponga tensi6n apostólica en nuestras vidas. La excesiva tranquilidad. la impresión de que no hay cosa interesante que hacer, ,enerva al joven. Debtamos busca,r la focha... .....,Sí, ·algo que nos ,estimulara a nosotros, y turbara la <(,paz» y la «siesta» de muchos cató,li-cos... Quizá dentro de muy pocas semanas tengas una respuesta a tus deseos.

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