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260 FR. EUSEBIO GARCIA DE PESQUERA »Es difícil, .amigos míos, comprender la angustia del cama– rada Agustín sin haber pasado por ella... Pero sólo el recuerdo de esa angustiia de nuestros muertos debería bastar para obli– garnos a una permanente vela de ilusiones y trabajo. llCreo que no debemos temer que nos falte el César ; el pe– ligro está en no saber merecerlo ,por dejarnos ganar de la frivo– lidad, de la poltronerfa, de la tendencia a renunciar a los gr:andes afanes con tal de asegurairnos un vivir f.ácil y sin complicaciones.» Se podía palpar el silencio del amplio salón. El auditorio esta– ba ganado. No ,aplaudía, porque estaba demasiado ocupado en atender y pensar... Alguien comentó para sí mismo: «i Caramba, con este fraile ! » ccNunca se derrochó llanta oratoria para enaltecer ,a España como en este último ,siglo y medio de solemne miseria nac.ional, cual si los españoles que nos han ,pr,ecedido hubieran tratado de olvidar la situa·ción emborrachándose con la rebuscada emo– ción de las pretéritas grandezas de España-de las que nos sen– timos muy orgullosos, naturalmente-, desvaneciéndose con el vino de },a «patriotería zarzuelera» denunciada por José Antonio. »Es difícil que vosotros, hoy, lleguéis a comprender cuál era la situación de la Patria. Parecía cosa ya desesperada. «Un dfa de 1917, con un libro de A:wrín entre las manos, don José Ortega y Gasset meditaba sobre di:cha situación a la sombra de EJ Escorial..., y tuvo que escribir: «Salvo algunos puntos de la peri/eria, la tierra española o/rece a quien la visita el espec– táculo de un ademán moribundo que no ha acabado todavía. España es una vasta ruina tendida de mar a mar, entre la Male– detta y Calpe. Acaso nada sorprende tanto al compatriota que transita las fronteras como hallar que en los países extranieros suelen encontrarse todas las cosas en perfecto uso. . . Entre nosotros, en cambio, sobre todo por ahf, por los pueblos, apenas hay nada que ande en uso; todo se nos acerca sumisamente, como esas ancianas que en un día gozaron de la abundancia y hoy han venido a menos» ... >>Bastantes años más tarde, en julio de 1935, José Antonio Primo de Rivera escribía así: ccPaz y siesta». Esto es lo que apetecen, como programa máximo, las tres cuartas partes de esta España que ha renunciado a la guerra en lq Constitución, y que
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