BCCCAP00000000000000000000753

248 FR. EUSEBIO GARCIA DE PESQUERA la crueldad de aquellos por quienes todo lo daba... , el mismo continúe presente y vivo entre nosotros en esas hostias blancas que se ,guardan en los sagrarios de nuestras iglesias. -Sí, es emocionante pensar todo eso ; pero ,a mí, cuando no he sido muy buena, me da mucho ,apuro presentarme delante de El. - -Es perfectamente explicable ; pero hay que luchar contra tales sentimientos, Josefina. Al quedarse sacramentalmente entre nosotros, ya sabía Jesús de sobra que no iba a estar entre ánge– les, que tendría ,que dedicarse, más que a recibir amor puro Y alabanzas, a ,perdonar miserias y rehacer corazones enfermos. Pero ese es su gl1an oficio: ser en todo momento <desús)), es d,ecir, «salvado,rn. Por eso, cuando más pobre ,y miser,able te veas, es cuando más debes acudir a su lado, para que te perdo– ne y te cambie ... ¡ Le darás tánto consuelo con tu confianza humilde! Nadie te comprende como EL nadie te puede ,amar , mas. -Consuela mucho todo lo que usted dice ; consuela pensar que Jesús ya sabfa lo que podía esperar de nosotros, que no pudo «hacerse demasiadas ilusiones»; ,pero da ,pena que le co– rrespondamos ,así. Yo me siento casi siempre muy avergonzada de mí misma; y los días en que he estado peor, quisier,a me– ter.me donde nadie me pudiera ver. Siento ganas de huir de Jesús, porque me parece que no ha de querer mirarme, porque no puedo aguantar el reproche de sus ojos o de su sHencio. Si no huyo, es porque creo que entonces pondría las cosas peor. -Indudablemente. El único que puede regocijarse de que las almas huy,an de Jesús. aunque sea con pretexto de humildad, ,es el demonio. Lo que el mismo Jesús quiere, está bien claro en su inolvidable invifaci6n: «Venid a Mí todos ... Yo os remediaré. i> JJCuando más miserables nos encontramos, es pr~cisamente cuando menos debemos huir de quien ,así nos llama. ¿ Qué podría– mos hacer solos?- La verdadera humi 1 ldad no está en resistirle con ,pretexto de que somos unos .indignos ; está ,en pisar nuestro amor propio, que tan molesto se siente ante el espectáculo de nuestras flaquezas, nuestro amor propio, que busca refugiarse en un altivo, independiente, impenitente y despechado aisla– míenfo ... , e ir en seguida hacia Et doblegada la cerviz. bien dis-

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz