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TEMPORAS DE PRIMAVERA 247 j Er,an ban hermosas 11as confidencias de aquella frágil criatura l Cuando ella hizo una paus,a, habl6 ,é,J: -;¡ No sabes cuánto me ale,g,r,a el ,que tengas tales sentimientos hacia la Madr,e Inmaculada ! Esto me hace estar seguro de ti, pues es mucha verdad. lo de que no puede 1perderse nadie que tenga verdadero amor a la Vir,gen. >>Ahoria me atrevería a decirte una cosa : que ha,gas cuanto puedas por que ,esa devoción a María dé en ti su fruto más her– m,oso: d verdad,ero amor de Dios. ,ccA Jesús por María» re1p,iten como un axioma· los tratados de vida espiritual. En fos invisibles andares del a,lma. la Virgen n~ es término, sino camino y guía: Ella debe llevarnos a Jesús, para ,que luego Jesús nos vay,a intro– duciendo en el conocimiento y amor del Padl'e. que es el ,esencial principio ,y fin de todo, el que ,en todo debe estar presente, para ser de v,erdad en nuestras vidas ,el ccomnia in omnihusi> que dijo San Pablo: todo en todas las cosas. -Eso me ,parece un poquito devado y difí.cil de realizar. -Elevado ,sí lo ,es; está ahí la ,cumbr,e del desarrollo cris- tiano. Y, naturalmente, no es cosa fácil llegar a eUa; pero con– tamos con la ,ayuda poderosa de Dios, y nadie nos 1pide que lo consigamos en dos días. Lo importa,nte es que hagamos algo, que no nos quedemos sesteando en 1a pantanosa ll~nada de la vulgar,idad. »Bueno, lo que yo quería decirte es que me parece estupendo eso de tus r,elaci•ones con la Virg,en ; pero que es p,redso que no te .quedes ahí, que debes ir cada día ni,ás a Jesús y al P,adr,e, sin temores exoesivos, sin encogi,mientos... -,No, si ,ahora ya he cambiado mucho. ·A Jesús me acerco cada día con más •confianza y amor. _,Así tiene que ser. Y no ,olvides que, al menos por ahor,p., a Jesús debes buscarle sobre todo en el Sagrario. La reina Je n111estras devociones es Ia devoci6n a la Eucaristía: ,aquí tenemos a Jesü.s viviente entre nosotros. Resulta emocionante pensar que la misma Persona (el maravilloso Hijo de Dios ,:che.cho ,c,a,rne>i), que hace v,einte si@los habló a los hombr,es, acadci6 ,a fos niño~, y lloró sobre 1os obstinados, el mismo que scrntió sob,re ,su rostro sereno los vientos no tan s,erenos de Palestina, ,y en sus pies el polvo de los ca:minos y la espuma del lago, y en todo su ser
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