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246 FR. EUSEBIO GARCIA DE PESQUERA cionados con la perfección oristiana. Ella dedaraba sus cosas con tranquila sencillez: -Ahora ya voy llevándolo todo más por motivos de amor de Dios. Antes, er,a la idea de ayudar a los misioneros la que m~.s me movía. Desde que me acuerdo, jamás dejé un día de tenerlos presentes en ,mis oriaciones, y cuando sentía cansancio -en las :pr,ácticas de pi-edad ,(desgraci,adamente c-on hastante frecuencia}, pmducia en mí un ,efecto extraordinario el reoorda,r a los misio– neros, poniéndome ,a rogar ,por ellos con mucho fervor. Sólo el nombre de ,((misionero» {y nunca me he referido exclusivamente a quienes trabajan entre infieles) me em queridísimo ; y yo creo que la Virgen Santísima me ha concedido el conocer ry tr;atar a usted-,.nunca fo había hecho así con ningún otro P,adre-, que pertenece a una Orden que tanto misiona aquí y fuera de Es– paña, como una especie de recompensa por lo muchísimo que siempre he amado a los misioneros y como un estímulo para que los siga amando cada día más. -Bien, mujer ; no sabes cuánto me ,alegran tus ,palabras... Ya que has citado -a la Santísima Virgen, dime: ¿ La tienes mucha devoción? ¿Te acue,rdas mucho de EHa? --Siempre la he amado muchísimo, y e,l pensa,r, el sentir que la ,amo así es lo que más m1e consuela en mis días negros. H 1 e oído muchas veces que no puede perecer el alma que tenga verdadera devoción a la Santísima Virgen. Yo creo ,que tengo esa devoción ... Por Ella ,estoy dispuesta a cualquier sacrificio; de Ella me acuerdo con mucha frecuenci,a, y trato de obse• quiada lo mejor que se me ocurre. Cuando estoy más triste, y no sé qué hacer, voy ,a una tienda de flores, ry .gasto mi dinerillo ,en co,mprar un hermoso ,ramo para Ella. Yo creo que no despreciará estos pobres ,obsequios ... Mejor serÍa que l,e presentase ramos espirituales de virtudes ; ipero cuando éstas faltan, algo sabrán decirle de mi buena voluntad las flores materiiales. »Ahora ya sé ,acercarme a Dios más familiar o ,confiadamente ; pero antes me sentía sobrecogida de ,respeto en su pr,esencia. y como me encontraba tan miserable, oasi no me ,atrevía a llegarme a El. La Virgen ,era entonces mi consuelo y mi refugio, con Ella sentía la más tierna confianza. ll El P. Fidel escuchaba con una ,extraña y suavísima emoción.

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