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228 FR. EUSEBIO GARCIA DE PESQUERA cnt1can sin rebozo las calificaciones o censuras impuestas por los más altos organismos, tal vez las motejan de tonterías o ño– ñeces, y se las pasan por debajo del sobaco a la hora de obrar, ((porque ellos ya tienen edad para saber de todo, y ,porque ,están seguros de que no ,les impresiona nada>l. >lEn fin, amigo, quiero que me enti.endas bien: no es que yo te juZigue deficientemente formado, ni que te incluya en el nú– mero de esos ridículos mozalbetes que nos hacen reír con su tonta petulancia ; trataba solamente de advertirte que no te apo– yes demasiado en tu personal impresi6n u opini6n para juzgar de la propia idoneidad, de tu <<estar en formal>, para hacer ya frente a dertas cosas más difíciles de la vida. »Y en cuanto a «ellan ... Quizá sea exactamente como tú la pintas; pero me permito decirte que a todos los que se enamoran de veras suele parecerles una maravilla sin igual aquella que es objeto de su amor. -Esta ,lo es de hecho. Y si usted supier,a de quién se trata, me daría la raz6n, porque usted la conoce bien. Es... Se detuvo de pronto, algo sofocado. Le daba grandísimo apuro decir el nombre, «su nombren, que le sonaba a repique de gloria en el coraz6n. -Me da vergüenza decirle quién ,es, porque usted trata mu– cho con ella. Yo estoy seguro de que tener relaciones con una chica así, aunque se empiecen muy pronto y tengan luego que prolongarse por muchos años, no puede ofrecer moralmente nin– gún peligro. -¿ No has oído ,aquello de que c<entre santa y santo, pared de cal y canto»? En este mundo nadie está confirmado en gra– cia, y hasta los mejores pueden ir maleándose, si no proceden con las debidas cautelas... Mira que los libros y el ,auscultar continuamente conciencias nos enseñan mucho a los confesores. »Pero dejando ,este aspecto de la moral a un lado, ¿ no en– cuentr,as, Segundo, que es una pena el que a tu edad, cuando mejor puedes atender a tu propia formaci6n y trabajar en el apostolado, te vayas ·a encadenar demasi.ado estrechamente a una mujer? Tendrás que dedicarle ,a ella, a contemplarla, a servirla, un tiempo ;erdaderamente precioso... , que ya no vol– v,erá. Cuando tanto hay que hacer en el mundo, ¿ tú quieres

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