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218 FR. EUSEBIO GARCIA DE PESQUERA >> Y como d corazón de una muchacha está bañado por las aguas de un sentimiento muy hondo, se deja anegar muy ,gusto– samente en ellas... , hasta que un día descubre que todo lo que siente y todo lo que le pasa tiene una explicación y un nombre: el AMOR. »Por no sé qué extraños motivos, aún tiene miedo de esa ;palabra, y más de fo que ella pueda encubr,ir, pues hasta entonces había concebido el amor muy de otra manera, sin aquella in– comprensible mezcia de alma y cuerpo, de sentimientos y sensa– ciones... Al llega; aquí, la muchacha ,entra exactamente en la encrucijada de la vida, región de cálida temperatura y hermosos panoramas, pero también de simas y barrancos.» ¿De quién podría ser aque:l escrito? Su autora no e•ra una muchacha ,cualquiera. Tenía finura de observación y graci,a para e:x!poner sus experienóas de la vida. Firmaba con una simple «H». e Quién sería? Quizá alguna de aquellas vivarachas estudiantes que asistían\ a los Círculos siempre que les era posible. Había varias de •centros oficiales, y otras de colegios de religiosas. Muy inteligentes algunas. Diecisiete años foagantes tenía una, sim– pática, nada fea, buena terciaria ya, que cursaba en el Instituto el séptimo de bachillerato, después de haber aprobado todos los cursos ,anteriores ,con matrícula de honor. He aquí otra buena respuesta : ce¿ Qué excitó más mi cur,iosid,ad al pasar de mna a CTOven,? En la adolescencia excitaron mi curiosidad tantas cosas, que mi pensamiento no descansaba, atendiendo a todo lo que despertaba mi interés. Mis sentidos se abrieron sin orden ni concierto, y ·por cada uno de •ellos entraba ,alborotadamente la realidad de la vida. Como a un niño que ,estando dormido entran los gatos y le des– piertan con su correr y ,alborotar •en todas direcciones alrededor de la cuna, así me pasó a mí. Mi espíritu, a:lborotado y dema– siado despierto, todo lo quería oír, todo lo quería >'er... »La sonriente naturaleza se ,abría para mí, y yo no atendí'.a a una cosa por tratar de saber en •se.guida otra. En esta disposi– ción me encontraba, cuando mis ,amigas me vinieron con unas cosas, que... i bueno ! Yo creo que querían quitarme Ia inocencia del alma, porque en mi inocencia yo era más feliz que ,ellas. Lo que procuraban enseñarme, me parecía horrible; mas a pesar
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