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214 FR. EUSEBIO GARCIA DE PESQUERA Es como si a un hombre vivo, tú prefirieras un muerto; y al canto del ruiseñor, el roncar de ese mostrenco... " (Entr,e los pastores estaba ,uno que, bien ajeno a la conver– saci6n, roncaba tan beatífica y estruendosamente como cierto hombre simpático de Azpeitia.) Bartolo, rnzonando sus extrañas preferencias, replicaba fi– losóficamente: -En invierno Dios dispone que se cumplan los misterios de que las semillas prendan, y con fuerza, bajo el suelo, vayan el tallo formando para darnos fruto luego." El P. Fidel se repiti6 dos o tres veces, ,pausadamente, las pailabras de Bartolo. j Le sonaban tan bien! Y dejó que su alma se zambullese en la sentimental evocación de unos años y unas experiencias que ya no volv,erían... Mas no duró mucho aquel su abandonarse en los adormece– dores brazos del recuerdo. La lucidez de una serena reflexi6n se sobr,epuso a su nostalgia, y pensó: Es evidente que el in– vierno no puede ser considerado como un puro mal, tiene su raz6n de existencia. Bajo las inclemencias de esta estación, que tan penosa nos resulta muchas veces, se van desarrollando en la natura!leza hermosos y necesarios misterios, sin los cuales no sería posible la gracia del renacer primaveral. Millones de semi– llas ¡parecen ahora perdidas bajo tierra, pero ellas están siguien– do su proceso en la sombra. Millones de árboles podrían crreerse ahora muertos por la absoluta desnudez de su ramaje. pero están tan sólo descansando para vivir con mayor fuerza ; sus escondidas raíces se robustecen al sostenerlos contra los ven– davales, y ahondan más en la tierra al encontrarla reblande– cida por las lluvias y esponjosa por las escarchas. <<En invierno Dios dispone».-Indudablemente, continuó ,el P. Fidel, las nieves y las lluvias y las heladas traen sus benefi-
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