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TEMPORAS D~ PRIMAVERA 211 de nieves en toda la provincia ! El puerto de Pajares, cerrado también por ferrocarril; los trenes de Madrid a Asturias terminan su recorrido en León y de aquí emprenden el regreso. El «hulle– ro)) a Bilbao no ha podido pasar de Matallana ... Las líneas d~ autobuses con la zona norte de la provincia están casi todas pa– ralizadas. Ha1 docenas de pueblos totalmente incomunicados... )) Todo aquello pasaba, naturalmente, al cabo de más o menos dí,as. En el cielo de León volvía a brillar pronto el sol, y la ni,eve iba rindiéndose ante la agr,adable ofensiva de sus rayos ... Sólo en ,las partes más altas de la provincia se defendia obs– tinadamente curante varias s,emanas o meses ,enteros. Por Jos días de diciembre la marca del invierno ya erra bien visibl,e en el jardín ,conventual de S. Fmncisco. Una parte de él no podía recibir los r,ayos ,del sol-que se hallaba ,ce.muy bajon, seig,Ún deda la ,gente-. ni en los más radiantes mediodías ; y aquella pobre zona sin sol se veía condenada a quedarse con el manto de ,escarchada blancura, que le ponían las noches d,e hielo, aun durante las horas en que el resto del jardín se holgaba bajo las carioias de la luz y del calor. En el comienzo de la tarde ,po– día distinguirse sobre el suelo ,cuál habfa sido la máxima línea alcanzada po::- el· sol ,en su lucia contra la helada: era una lí– nea rectísima, verdadera y sutil frontera que había seipariado (pero por muy poco tiempo) la luz, de la sombra, el tibio revi– vir, del estar glacialmente aletargado. Claro que no todos los días eran de esoarchas y de sol. Los había de niebla persistente ; los había de lluvia, torrencial o li– gera; los había de nevar suave, que parecía una cariicia, y los haHa tambi,é:i de ,ese nevar recio que hemos dicho, cuando se desataba sobre montes y llanuras cela saña del Aqui,lónll. En– fonoes, todas las zonas del jardín corrían igual suerte: no había porciones pri'iilegi.adas. El ver ,caer la nieve-y en León no nevaba tanto como piensa mucha gente d,e fuera-, el ver cae,r la nieve, mans,a y obstina– da, en absoluto silencio, quizá ail mismo ritmo durante horns, resultaba un espectáculo de serena grandeza. (Lo desagradable venfa después ; ver nevar era bonito, lo f,astidioso eran las con– seouencias de la nieve ...) La nieve era un espectáculo de ojos; nunca se c<oÍan nevar: para darse ,cuenta del fonómeno había:

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