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202 FR. EUSEBIO GARCIA DE PESQUERA presar a Dios su ,agradecimiento por haberle dado tal madre ; y sintió ,luego la esperanza como el más suave descanso: ¡ ,en– contraría de nuevo en el cido los hrazos de quien había sido su madre en Ia tierra ! Que ella vivía en la eterna Patria, era cosa ciertísima, y con no ,pequeña gloria. Bien había merecido el cumplimi,ento de aquello que él-sacerdolle-leía muchas veces en las misas de difuntos: ,cciBienaventurados los que mueren en el Señor! Ha llegado para ellos, dice el Espíritu, la hora de que descansen de sus trabajos, y sus obras les siguen.>> V ¿Qué sería de Josefina? Al P. Fidel le asaltó esta ,preocupada pregunta cuando v10 pasar dos juev,es seguidos sin que la muchacha hiciera acto de presencia en la r,eunión de las chicas. ¿Qué podía pasa,rle a Josefina? Anduvo preguntando ... , y alguien Je enteró de que llevaba algún tiempo enferma. El P. Fidel no había ido nunca ,a su ,casa ; mas ahora juzgó que había motivo muy justificado para hacede una visita a do- micilio. · Recibióle la madr,e con sinceras muestras de gran aprecio : ccVerdaderamente encantada de verle por aquí; mi hija me había hablado muchas veces de usted.» En seguida ,le hizo ,pasar a la habitación de la enferma. -No ,es ,cosa de importancia lo que tiene, pero como ella está poco fuerte, el médico la ha oblig,ado a guardar cama hasta que se le pase. Josefina casi no intentó sonreír al ver entrar al Padre. Sus grandes ojos negrns, que resalta.han más ,en su rostro :por la fina palidez que los rodeaba, tenían una expresión difícil de explicar. -Pero, Josefina. ,¡ cómo no me has avisado de lo que ocurría? -¡ Qué sé yo ! Pensé ,que no podría interesarle mucho. Ade- más, no esperaba que vini,era a verme aunque lo supiese. En su voz ,armoniosa y suave había un tal ,acento de escon– dido dolor, que el P. Fidel quedó alarmado. (La mamá acababa

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