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TEMPORAS DE PRIMAVERA 201 Con su ,piec,ad corríia parejas su caridad. Ningún pobre llama– ba en v:ano a s:.1 puerta ; cumplía generosamente con la hospi– talidad, sobr,e todo si se trataba de algún re1i.gioso o sacerdote; tenía suma delicadeza pa,ra todos... ¡ Cuántas veces había ido él de niño a llevar ocultamente alimentos y otras ayudas a fami– lias del pueblo más necesitadas ! Así sucedi,6 que su muerte fué Hor.~da po:: muchos, y en su ,entierro hicieron acto de pre– sencia muchos pobres de la comarca, expresando su sentimiento con deci,r reipeddamente que se les había ido quien era la mejor madre de los pobres. Pensaba también .el P. Fidel que seguramente debía a su ma– dre la vocaci6n religiosa, y no tan s6lo por la ~ducaci6n que de ella había recibido ... Siendo bastante pequeño, y estando un día al lado de ella e:i la iglesia, el señor Cura hizo el ejercicio de una novena ; al llegar aquello de «medítese brevemente y pídase la gracia ,que se desea cons•eguirn, él pregunt6 bajito: ¿ Qué quiere decir eso? Ella se lo -ex,plic6 muy brevemente, y termin6 así: «Tú pide que te concedan ,la gracia de ser frai,le>> ,(si I:e hubiera dicho «religioso1>, no hubiese entendido él). Desde entonces, siempre que en cualquier ejercido piiadoso llegaba aquello de «la gracia que se desea conse.guirn, él pedía invariablemente la gracia de ser fraile. En esta tarde leonesa de noviembre ¡ cuántos recuerdos se agolpaban ,en su alma ! Su madr-e incomparable seguramente ha– bía concentrado en él sus ,últimas ternuras, pues él había sido <cel pequeño>l, el último de ocho Mios... Le haMa dado también los cachetes necesarios, pues ella no dejaba pasar una ; pero lo hacía de una □anera tan digna, tan propia de una perfecta madre cristiana... Su coraz6n de niño haMa llegado a quererla con liocura. No ?odía aguantar la simple idea de que ella podía morirse. Y pens,aba convencido que, si aquello llegaba, tendrían que ,enter.rairle ,con eUa y metido en la misma caja, En la soledad de su celda, cuya ventana, aún abi,erta, a pesar del fresco que hacía, daba al silencio del jardín, ya sumido en la primera oscuridad de la noche, d P. Fidel permaneda como absorto o ,enajer:ado siguiendo el curso de sus evocaciones... Son6 en )a .campana conven.tual el toque del Angelus, y aque– llo le volvi6 a Ia re,alidad. Rez6 la oraci6n de Marí.a; quiso ex-
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