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TEMPORAS DE PRIMAVERA 197 tapias. &,a un camposanto con poca intimidad y demasiada luz. Una vez en él, el P. Fidel y sus acompañantes entr.aron en la capil1a para rezar algo por todos los fieles difur.tos allí ente– rrados, más particularmente por sus ,proipios fomi-liar,es. Luego el ,grupito se dispers6. El P. Fidel dijo que iba a dar, solo, unas vueltas por allí... Le gustaba mucho andar rv,agando silenciosa– mente por ,entre las tumbas... , leyendo nombres y años de vida, meditando epita:fios (a veces conmov,edores en su Iacon,ismo), contemplando las figuras de mármol, o los crisantemos marchi– tos sobre las losas... Ni él mismo hubiese podido eXJplioar Jo que sentía en tales rratos. Le parecía encontrarse en un r,ernanso intem– pora1l de bendita ,calma, ,casi en el vestíbulo de lo eterno, ,a in– mensa distanda de las agitaciones de los hombres de las apre– foras del tiempo ... Paz, sosiego, serenidad, silencio, reposo ... : el único lugar humano donde se ha triunfado sobre la prisa, gran tirana del hombre. Podían mirarse tumbas y más tumbas: en todas ellas, ur:as palabras demostrativas de que se estaba en pleno ,reino de Ia ,quietud: ,«Aquí yace ... Aquf yacen ... Descans6 en el Señor... Descanse en paz.» ¡ Todos y,aciendo: j Todoi, des– ca~sando ! ¡ Ni posibilidad de agitaci6n para nadie ! Y cada uno habí,a llegado a aquella final quietud, después ,de un ,largo o corto camino de años, llevando en una misteriosa alfor,ja de viaje la más extraña colecci6n de ,acciones ruines o val,iosas, de ex– periencias placenteras y amargas. Y allí estaban todos {ya en obligado descenso), rendidos y escondidos en sus aguje11os, ai– reando a lo sumo ante la luz, como último resto visible ,de su persona, ,e) nombre propio, un pobre nombre que no tardaría mucho en borrarse de la memoria de los hombres, ,aunque si- guÍe,ra grabadc en la dureza de las piedras. · Y el silencio gravitaba sobre todos... Y una suprema invo– caci6n de paz, la ipaz !Última y verdadem, florecía S-:)bre cada uno con aquellas letrra:s misteriosas; R,. l. P. Y había también para todos (aunque para algunos, desgraciadamente, ~,a no sirviera de nada) un inmarchitable destello de ,la mejor ,esperanza pren– dido de los brnzos de las innumerables cruces, que estaban allí como queriendo ampal'ar a todos los acogidos en aquel «campo santo». T,odos ~scucharían una mañana por venÍrr las trompetas

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