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TEMPORAS DE PRIMAVERA 193 oportunidad o sin ella; arguye, enseña, exhorta con ancho cora– zón y buena doctrina» (II, IV, 1). >lilndudablemente, Ias ,externas ,obras de apostoiado son ne– cesari>as según los planes de Dios, y todo cristiano debe cooperar a dlas en la medida de sus posibilidades. Pero nunca ha de per– derse de vista que lo más hondamente decisivo .es lo otro : forzar la intervenci6n de Dios con oraciones y sacrificios. Si esto se descuidare, las más pasmosas acth..-idades de ccapostolado» se que– darán en hueras agitaciones: mu::ho ruido y poc,as nueces. ccSi Dios no levanta la casa-canta el salmo 126-, en vano trabajan quienes la cons!ruyen. Si El no guarda la ciudad, inútilmente vigi– lan sus centinelas.» Y no pueden -calificarse de exageraciones místiicas las cosas que dice S. Juan de la Cruz en la anotaci6n que precede a la canci6n 29 de su •<(Cántico espiritual»: <(Adviertan aquí los que son muy activos, que piensan ceñir al mundo con sus predicaciones y obras exteriores, que mucho más provecho harían a la Iglesia y mucho más agradarían a Dios ( de– jado aparte el buen ejemplo que de sí darían), si gastasen siquie– ra la mitad de ese tiempo en estarse con Dios en oración ... Cierto, entonces harían más y con menos trabajo con una obra, que ahora con :nil, mereciéndolo su oración, y habiendo cobrado fuerzas espirituales en ella; porque de otra manera, todo es mar– tillar en frfo y ñacer poco más que nada, y a veces nada, y aun a veces daño.» - Y ¿cuál es la raz6n última de todo eso ? -Quizá la ,;erdadera raz6n última de todo esto sea que Dios lo ha querido así. En ,cuanto a su expHcaci6n teol6,gica, hay que tener ipr-esentes varios puntos fundamentales, no fáciles de resu– mir en forma cabal. »Hacer bier.. a un alma en orden a la vida eterna es obra sobrenatural, y todo lo sobrenatur.al está fuera del alcance de las fuerzas simplemente humanas, porque entre el orden n,atm.a,l y el sobrenatural se da una despropord6n ,esendal o entitativa. »En ,el mundo de sobrenaturaleza, nosotros todos, con todas nuestras cualidiades .y acciones naturales, somos como una co– lecci6n de redo::idos ceros; y así como los ceros aritméticos, s6lo añadidos, juntados, ,conectados con unidades tienen verdadero va– lor, así tambiér.. nosotrbs, s6lo unidos ,a Dios y eleivados por su 7
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