BCCCAP00000000000000000000753

TEMPORAS DE PRIMAVERA 189 dos, lo aturdidos que muchas veces nos dejan las «disposicionesn o «permisiones)) de Dios. Pero nosotros hemos de creer en El con toda el alma, -esper,ar sin titubeantes reservas... , aunque el creer y el esperar resulten, en ooasiones, -extraordinariamente difíciles. ¡ Tanto más meritorics ! Dios tiene derecho a probarnos (y también a castigarnos), pero siempre será absolutamente ver– dadero que El sabe lo que hace, que El nos ama, y que nunca abandona a quienes de El se fían. »Hay c,cosas de Diosn que con el tiempo se van aclamndo, hasta hacerse quizá plenamente inteli,gibles ; mas las hay tam– bién que continúan tan oscuras durante sig,los y milenios. Des– cansemos en su amorosa Providencia, ,aunque no e"'tendamos sus caminos. Esto no ,es una postura irnadona,l, sino Ia más sen– sata actitud del hombre frente a los acontecimientos que no de– penden de él. >>La dificultad que tú has ,puesto mere.cería mucho más de atención y estudio, porque en el fondo se trata de esa eterna cuestión de la existencia del mal, cuestión que ha preocupado a todas las cabezas pensadoras desde los tiempos más remotos. Pero yo no me detengo ahora en ella porque se sale del marco que hemos señalado ;para este nuestro coloquio de hoy. Quizá otro día 'V-Olvamos más a fondo sobre la misma.>> Consuelito se levantó entonces. El P. Fidel sentía un pro– gresi.vo afecto hada aquella muchacha mor-ena, que no er,a pre– cisamente brillante, pero tenía firmeza de carácter, generosidad y tesón en el esfuerzo. Era de lo mejor de la Juv,entud. Había ido ,asimilando muy bien todas 1as ,lecciones recibidas sobre la santiificaci6n de Ia vid,a ordinaria, •Y de día en día se la veía avan– zar por los caminos de Dios. A Consuelito le inter,esaba, sobr,e todo, aquello que habf.a oído sobre la eficacia apostólica del vivir de cada. día llevado según la divina v,oluntad. Lo otro, lo de influir de veras en los destinos temporales del mundo, sob!'e lo que había preguntado Mada de Ia Gracia, no estaba mal, ,pero le parecía menos im– portante. Sin haber estudiado Teolo,gía, su sentido de las cosas de la fe le decía ,que salvar o santificar a un alma ,era de mayor importancia que la situación polítioa de los ,pueblos. (No había pensado r.unca que también esta situación influye pode.ros,amente

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz