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188 FR. EUSEBIO GARCIA DE PESQUERA aun en las cosas humanas. .. Mi convicción es en este punto tan firme, que creo que si hubiese una sola hora de un solo día en que la tierra no enviara al cielo oración alguna, ese día y esa hora serían el último día y la última hora del UniversO.JJ >>e Aparece ahora tan exagerada-preguntó el P. Fidel-la afir– mación de que cualquier cristiana, por insi,gnificante ,y oscura que sea, puede tener gran importancia a los ojos de Dios y sig– nificar mucho para los destinos del mundo ? La oración f er,vorosa y el sacrificio oculto de cada dfa no sólo pueden i,r santificando cualquier humilde existencia, sino que pueden también obtener incontables misericordias y remedios aun temporales :para otras muchas vidas. Yo pienso, como Donoso, que los que oran hacen más rpor el mundo que quienes trabajan y combaten, ,aunque también esto sea necesario.Ji Calló el P. Fidel. Levantó sus ojos hacia María de la Gracia, por si acaso tenía aún algo que decir ... Pero no ; tanto dla como las demás daban muestras de estar conformes. -,Bien; entonces...-iba a continuar el P. Fidel. -Oiga, Padre-le atajó una chica de aspecto sencillo y mi- rada inteligente, que se levantó de pronto-: usted nos ha dicho antes que nada puede suceder en el mundo sin que Dios lo disponga o cuando menos lo permita... Pues, realmente, una no acierta a explicarse muchas veces cómo El permite ciertas cosas... -Tú no sabes e:x:plicarte muchas cosas que pasan en el mundo. ¿verdad? Yo tampoco. Pern ~"º no intento siquiera explicárme– las, ,porque frecuentemente no tienen explicación a nuestra po– brecita luz natural. ¿ No sabes el caso de cierto aldeano vasco? ... Se celebraba reunión familiar después de una terrible desgracia que había llenado de dolor y preocupaciones a un hogar hasta entonces dichoso ; alguien trató de aliviar un poco el ambiente, diciendo palabras de conformidad cristiana: «había que resignar– se y confiar en Dios... , porque El no nos abandona nunca, y sabe bien lo que hace ... n -«Sí, sí~intervino entonces el aldeano, con la mayor seriedad-; lo que l1ase, saber Dios bien: pero ¡ hase a veses cada estropisio ! n »Aquel hombre tenía una gran fe, y hablaba con la mayor simplicidad, sin darse cuenta de 16 irre,verente que pudier,a re– sultar su comentario. Expresaba sin miramiento lo desconcerta-
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