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TEMPORAS DE PRIMAVERA 187 nes y sufrimientos, amargarse mutuamente los días d.e navega– -ción, pero estorbar sustancialmente la marcha de las cosas, d~ ninguna mane:a. Nunca podrá suceder nada que Dios no dispon– ga, o cuando menos permita, según los .inescrutables planes de su .altísima sabiduría. »Pues si Dios es quien de veras tiene en su mano ,los destinos de los ,pueblos, ¿ qué duda cabe ,de que, más que las ,conferen– óas y disposiciones de estadistas y gobernantes, han de influir en el mejoramiento de las cosas humanas las escondidas ,oracio– nes y sacrificios de las almas en quienes puede complacerse su Divina Majestad? Recordad el ban conocido caso del Patriarca Abrahán: si Dios hubiese encontrado un puñado de justos en Sodoma y Gomorra, hubiera perdonado por amor de ellos a .aquellas dudades espantosamente culpables. Y ¡ cuántos ejem– plos podía añadir de los Santos de nuestros tiempos cristianos, y eso que de estas cosas siempre sabemos muchísimo menos de lo que Dios nos oculta l Un hermano lego nuestro, el Bto. Fran– cisco de C.amporroso, inmolando su vida el año 1866, salvó a su querida ciudad de Géno'v"a de una terrible epidemia de peste. ¡ Dichosa la nación que cuente con muchas almas santas ! Santa Margarita María de Alacoque, en unas visiones que tuvo en 1683, oyó que el Señor le decía: ((Un.a alma justa puede conseguir el perd6n de mil criminales.» »Pero no só:o tratándose de santos... »Danid O'Connell, el gran orador civil que tanto hizo por la l,ibertad de su querida Irlanda. aplastada por la opresión inglesa. decía alguna vez a sus amigos: uEn la oraci6n es donde mejor trabajo por el bien de la patria. Más hago por ella en el reclina• torio que en la tribuna». Y aquí tengo copiado un texto memo• rable de nuestro Donoso Cortés. El gran extr•emeño, tan profun– do filósofo como brillante orador, escribía así en julio de 1849, desde Berlín, donde estaba como embajador de Espafia, a su amigo el marqués de Raffin, Alberich de Blanche: ((Creo que hacen más por el mundo los que oran que los que combaten; y que si el mundo va de mal en peor, es a causa de que son más las batallas que las oraciones. Si pudiéramos penetrar en los secretos de Dios y de la Historia, tengo para mf que nos ha– bíamos de asombrar al oer los prodigiosos e/ectos de la oraci6n,,
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