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172 FR. EUSEBIO GARCIA DE PESQUERA el Sudeste. Su presencia hacía bien el alma, pues daban la mejor impresión de una sencilla pero robustísima fe. Ellas venían a hacer de veras Ja novena de la Virgen, cumpliendo seguramente promesas hechas •en alg{m trance muy penoso o apurado ; sólo venían a eso, no buscaban distracciones o ,comodidades. Lo ne– cesario para comer lo traían en humildes fardeles o envoltorios de sus casas; para pasar la noche ,alquilaban entre varias alguna habitación en casas de vecinos, y allí dormían ,penitencialmente, quizá sobre pobres j.ergones tirados en el suelo ; durante el día su oasa era el santuario de la Virgen, y de alH sólo s-alían para descansar algún rato dando un ,paseíllo, o cµrioseando por los pórticos, o sentándose a la solana. Su ocupación más seria du– rante los nueve dfas era indudablement,e el ,asistir mañana y tarde a todos los actos del novenario. Entre tales actos se significaba por su tipismo y devotísima simplicidad el Calvario al aire libre, es decir, ,e.I Vía-crucis que todas las «anovenar.ias» hacían a media tarde recorriendo las es– taciones {señaladas por ,cruces de piedra) que se alargaban de– trás del santuario hasta la pobre ermita donde según la tradición habían tenido lugar las apariciones de la Virgen. Durante has,. tantes años un ciego fué quien dirigió aquel Vía-crucis, rezando y cantando ,con ·voz doliente, monótona, cargada de devoción. Ningún ,año faltaba al Santuario del Camino, dur.ante la no– vena de la Virgen, J,a visita de los estudiantes teólogos capuchi– nos de León. Casi siempre era en jueves, aprovechando la oca– sión del acostumbrado paseo semanal fuera del convento. Salían de casa a primera hora de J.a tarde, después de rezar en el coro Vísperas y Completas; recorrían a buen ;paso el largo trayecto, y llegaban al santuario casi a la hora justa de empezar eJ acto principal de la novena. Durante él cantaban desde el coro varias pie:zas muy bien escogidas y ejecutadas, y cuando la gente em– pezaba a salir, ellos bajaban hacia ,el presbiterio y se ,arrodi– llaban allí en torno a la milagrosa imagen de la Vi:r,gen. Se .la miraba, se le rezaba ... Luego, un silencioso desfilar hacia el camarín para ir besando por detrás el manto de Ia Madre Dolo– rosa... Y por la sacristía, curioseando de paso los innumerables exvotos que llenaban algunas estancias, a la calle: a entrete– nerse un poco por allí, y vuelta a ,casa, carretera abajo.

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