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170 FR. F..USEBIO GARCIA DF.. PESQUERA incógnita en cuanto ,al fruto, como los que vinieron detrás mos– ~ando satisfechos en sus brazos las gavillas de los éxitos. Es evidente, se dijo el P. Fidel, que lo que Dios ,pide a sus operarios es .la generosidad y constancia en el esfuerzo, no la consecución del fruto, que esto es cosa suya, y la va concediendo según los designios de su Pro,videncia. He de tomar las cosas cop. empeño, mas también con una confiada serenidad ... Quizá me fastidie la aparente esterilidad de mi trabajo y el que digan por ahí, o por «aquí», que no he sido capaz de formar una lucida Juventud Masculina; pero yo debo obrar muy sobrenatura-lmente, sin complacencias ni miras humanas. ¡ Todo por El I Y El quizá tenga dispuesto que yo siembre y siembre en esto de los chicos, sin el aliciente de ver apuntar el ,fruto-acaso vendrá otro des– pués de mí que recoja siquiera parte de lo que yo siembro aho– ra~, como puede ser también que en algunas ,cosas en que ya se ve éxito y se atribuye a mi labor, de hecho yo no esté haciendo más que recog,er el fruto de lo que otros empezaron o sembraron con no pequeña. fatiga. El mismo caso personal de Jesús le pareció entonces al Padre Fidel estupendamente aleccionador. Muchos contemporáneos su– yos e no terminarían considerándole como un pobre fracasado? Las muchedumbres van siguiendo con entusiasmo al Profeta de NazaTet mientras esperan de El gr.andes cosas materiales: la restauración temporal de Israel, la curación segura de sus mu-. chas enfermedades, pan abundante y milagroso para sustentarse sin esfuerzo... Pero cuando El trata de acabar con tales espe– ranzas o ilusiones, viene una progresi'V'a desbandada. En virtud de su maravilloso •«hacer y enseñar», logra -el Divino Maestro un número, no muy lucido, de más asiduos seguidores ; pero aun de éstos fallan muchos cuando viene la prueba del discurso eucarís– tico en Cafarnaum. Finalmente, 1 al ,producirse «la horn del poder d-e las tiem~blas», multitudes y discípulos desaparecen tan por completo, que le dejan a El terriblemente solo frente al mar-, tino y la muerte. e No podrfa decirse que habí:a sido un infeliz fracasado? Pero El había v•enido a sembrar y a inmolarse, y la semilla que arrojó en el mundo, y que tan poco fecunda parecía, ¡ vaya cosecha de frutos que ha ido dando después !

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