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TEMPORAS DE PRIMAVERA 169 espÍritu quedase bastante apagada •entre incontabl,es miserias. Cierta tarée de fines de septiembre, en su acostumbrada vi- · sita al Santísimo Sacramento, le •vino con gran fuerza a la mente la ,preocupación aquella por la Juventud Masculina de la V. O. T,, _, y con toda su alma se Ia puso al Señor delante .... Puesto que él, al menos en lo sustancial, quería scSlo pro.mover sus divinos inte– reses, ¿ por qué no miraba bondadosamente aquellos afanes Slk yos que tanto le fatigaban? ¿Por qué no les concedía la bendición ·· del éxito? Como si f·.:iera un<). divina r,espueslla, le vino a las m~entes al · cabo de pocos minutos una mezcla confusa de palabras que Jesús había dicho a bs Apóstoles cuando el episodio de la Samaritana, y que no ,lograba poner bien en claro ... Se fué derecho a la celda, y tomó del estmte el libro de ~os Evangelios ; allí, en el capítu– lo IV de San Juan, estaba lo que buscaba: ,ccNo decís vosotros que aún faltar- cuatro meses para la recolecci6n? Pues yo os digo: Levantad los ojos y mirad los campos: ya están amari– lleando para la siega. El que sfoga, recibe ciertamente su salario y recoge /ruf:-0 para la vida eterna, mas deben alegrarse junta– mente el que sembr6 y el que siega, ya que es verdad el pro– verbio que ¿ice: uno es el que siembra, y otro el que siega. Y o os envío a segar lo que vosotros no laborasteis; otros lo tra– bajaron y vosctros vais a entrar en su labor.» Las misteri.'.lsas palabras del Maestro llenaron de luz el alma del P. Fidel. Sí, unas veces toca sembrar ; otras, ilaborar las tierras que otros y,a han semhrrado, o recoger una cosecha en cuy,a pre;pa– ración no se ha tenido :par.te alguna. Mas como se trabaja para un mismo Se5or, no importa la diversidad de faenas y operarios, sólo importa ::¡ue se trabaje bien. Lo que mayor satisfacd6n humana lleva consigo es ciertamente el r,eooger o cosechar, p,ero - qui~nes son Il amados a dicha tarea no pueden tenerse por de más mérito o valía que quienes pasaron ,antes sembrando y cultivan- . do : todo depende de la voluntad del Señor, que encarga ,a unos de una cosa y a otros de otra seglÚn su ,alta conveniencia. Y cuan– do llegue la hora de repartir méritos y pr, emi.os, tan en cuenta ser,án tenidos los que pasaron arrojando con penoso esfuerzo los granos de la buena simiente en terrenos que aún eran una

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