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TEMPORAS DE PRIMAVERA 167 Había que h3.cer algo por ayud,arlas. Buena rvoluntad 1a suponía en todas ; mas también para todas existían ;peligros serios, que debían a tiem-:;;>o conocer. Casi cada jueves se veían caras nuevas -en Ja reunión. Como d ambiente ,estaba hecho, y crecía de volumen sin cesar, la cu" riosidad, sar:-a en unas, quizá algo frívola en otras, llevaba sema– nalmente alguna cmueva» hacia San Francisco. Para que las reuniones resultasen más animadas, el P. Fidel empezó con u:1 nuevco método : -cada juev,es formulaba una pre– gunta, que tedas copiaban, y a ella debían rr,es,ponder por escrito, aunque sin fir:nar, para Ia .pr6xima reunión. Las preguntas no tenían nada de ,«pura teoría»; 'V'ersaban sobre puntos concretos y que podía:i afectar muy directamente a cualquier ,alma joven. De hecho, las chicas, que empe2iar,on tomando la ,cosa un poco en br-oma, fueron demostrando luego ,un ,creciente interés, y con sus respuestas proporcionaron al P,adre en más de una ocasión enseñanzas muy útiles (y no só-lo de ¡psicología femenina), que a. él nunca se 1e habían ocurrido, ni había encontrado ,en sus nu– merosas lecturas. El grupo que seguía llevando una vida ,lánguida er 1 a el de los muchachos. El P. Fidel no sabía cómo acrecentar y vigorizar aquello .Dos·::> tres de los de la primera hora, de los «del nogal». no habían vuelto después del verano. Al P. Fidel no le extrañó demasi-ado aqc.ella defección ; casi la encontró bien, porque no podía sentir :nterés alguno en coleccionar inútiles, y ya haMa comprobado de sobra en ,los meses transcurridos, ,que varios de los primeros «llamados» no :podrían contarse nunca entre los verdaderamer:te •«escogidos», ¡pues ,apenas 'Valf.an para nada. Po– día decirse i:1c~uso: ,w¡ Casi mejor que no ,vuelvan 1 ». Pero este desahogo, qi:.e nunca salió de sus labios, no alcanzaba ,a quitarle el sentimiento de su deserción ,{ipues había llegado ,a quererrfos), ni le traía sc}ución ,alguna para lo que tanto le preocupaba. Se consumía d-e im;p,aciencia por ver ,é'n tomo suyo una gran ju– ventud, una muchachada tan ej.empiar, ,emprendedora y eficiente como numero32, y tal juventud o muchachada no llevaba camino de lograrse... Casi no era más que una pobre ilusión suya, algo que no acah:1ha de salir del mundo ineal de I.o meramente posihJe.

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