BCCCAP00000000000000000000753

162 FR. EUSEBIO GARClA DE PESQUERA lada de los copos cuando nieva, pero cuya conquista es más meritoria y difícil que la del Mont Blanc o Monte Rosa. »Las ,ansi,as de superación son el ;patrimonio más valioso de la ju'\'entud... ; pero cada día pierden ese patrimonio todos aquellos muchachos que se rinden sin condiciones ante la tentación de la comodidad o ante los atractivos de lo que degrada. Esos dirán que el esforzado afán del joven de Longfellow no era más que una locura, y una locura trágica. Yo afirmo que es preferible tener una tumba de nieve a tenerla de cieno, y afirmo también que muchas cosas esfimadas ,por los hombres ,como locuras pue– den -con 1a ayuda de Dios convertirse en gloriosas realidades, y que ser demasiado cuerdos y sensatos en la vida puede resultar una gran calamidad, rpues un arranque de no calculada decisi6n o inspiración es tal vez lo que necesita ,para transformarse nuestra existencia. »Sintamos el clamor de las alturas, aunque no seamos preci– samente águiias, sino pobres gorriones. Gritemos ,con fuerza a lo largo de nuestro camino, como la mejor expresión de nuestra juventud: ¡ Sursum corda 1 ¡ Arriba los corazones ! » El pequeño auditorio estaba como subyugado. Aquél era u11 lenguaje que entendía perfectamente. Hasta la poco dócil María de la Gracia no enconllraba nada que op,oner ; estaba rendida de lleno. Todo lo que <leda eJ Padre era verdad, la más hermosa verdad. Vino inmediatamente una breve y vigorosa segunda ,parte. El P. Fidel fué diciendo c6rno todos aquellos valores de la juventud -ardor de vida, fe en el porvenir, ansias de superación- tenían su mejor destino ,o empleo en aplicarse a servir los más altos idea– les: Dios y lias ,almas, la santificación propia y el bien de los demás. Y tuvo expresiones como éstas: -El cristianismo es vida ; la únioa religión y doctrina que armoniza perfectamente nuestro atender a las necesidades tem– porales con el obligado servir a nuestros destinos eternos. Y den– tro d,e} oristianismo, nosotros, los que seguimos la espiritualidad franciscana, hijos de aquel santo poeta en quien toda nota del canto de la vida tuvo repercusiones admirables, nosotros tenemos que amar la vida como un don hermosísimo de Dios ; ipero de– bemos saber también que Ia vida s6lo vale en cuanto se la sa-

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz