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148 FR. EUSEBIO GARCIA DE PESQUERA no poco. Pero antes era imposible. Había días ,en que yo misma no podía con lo que pasaba por mí (¡ cuánto más difí.cil sería para los de casa el soportarme !) : quizá lloraba sin ton ni son... , o me pasaba horas enteras sola, puesta a la ventana de mi cuarto (cuando vivíamos en el pueblo), con la mirada perdida ,en la lejanía... ; el simple contemplar unas flores, o ,el paso del agua, o el escuchar de lejos una pieza de música sf/i o el aire de una canción, me ponía qué sé yo cómo. Me ocurrfan principalmente estos estados de ánimo al caer de 1a barde, cuando se ihan alar– gando silenciosamente las sombras... Aquí ,en la ciudad no es . tan .fácil dejarse impresionar ,par el morir del día. Cuando me venían los «accesos» más fuertes, sentía unos exi-raños ahogos, los ojos me dolían, y venían unas ganas horrorosas de escapar (como si estuviese. recluída en una oscura prisión), de huir no sabía dónde ... Quedaba rendida, y casi incapaz de hacer cosa alguna durante un buen rato ; hasta de comer me olvidaba.>> Al fin llegó la gran fiesta de la Virgen. Poco después de la comida del día 14, en el hog,ar de Josefina andaban casi todos revueltos con los últimos preparativos de la joven, pues faltaba ya poco para su ,primera actuación de •«cantadera». Aunque na– die la atendía, l,a radio seguía funcionando ... Emitía Radio León. De pronto, un anuncio completamente inesperado: «Está ante nuestro micrófono el R. P. Fidel de Peñacorada, capuchino... ». Josefina interrumpió su tarea, y corrió hacia el comedor. Sí, era él quien hablaba: ce Y o quisiera poner ,en estos comentarios a la festividad ma– riana de mañana una gr,an cantidad de unción reli,giosa y de be– lleza poética... »Imaginaos el espectáculo ,maravilloso que esta tarde va a ,ofre– cer Ia J,glesia Militante a los ojos indefinibles de los bi,enaventu– rados: cabildos de catedrales y colegiatas, coros de comunidades religiosas, sacerdotes y clérigos aislados, desde todos los ángulos del mundo, con diversa ,pronunciación en los labios y un mismo sentir en el corazón, elevarán al cielo su j,úbilo laudatorio con las magníficas antífonas de 1a hora canóni,ca de Vísper,as: «Llevada ha sido María al cielo: regocíjanse los ángeles y ben– dicen con grandes alabanzas al Señor.»
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