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130 No desperdició el Misionero la bella oportunidad que se le presentaba de darles algunas explicaciones catequísticas acomodadas a su rudeza y capacidad, y en su propio idioma guarao. Cuando e1 Padre termi~ naba la exposición a los mayores, estos repetían a los pequeños cuanto habían entendido al Misionero. Convencido el P. Abelgas del daño que hacia a las mujeres indígenas el casarse y tener hijos dema– siado jóvenes, les habló en los términos siguientes: "Fijáos cómo entre vosotros no hay indias ancianas, sino que bdas son jóvenes por lo regular, esto es porque se casan muy pronto y son madres antes del necesario desarrollo, y como escasea la comida, se en– ferman y :nueren prematuramente. Ved, en cambio, cómo los criollos se casan más tarde, y sus mujeres, aunque sean indias, están más fuertes y llegan a la ancianidad,... Las obras misionales modernas no pue<ien pres– cindir de u::i elemento que, en vez de auxiliar debe lla– marse indispensable, para el feliz éxito .de las mis– mas; dicho elemento lo constituyen las Religiosas Mi– sioneras. Si en tiempos lejanos a los• nuestros, fué la diseiplina de la Iglesia, en orden a las Religiosas, muy distinta de la actual, no admitiendo Institutos feme– ninos sino de clausura, hoy, aunque no exclama, re· cedant vetera et mova sint omnia, echa mano .qe· la mujer consagrada a Dios para atender a cuantas ne– cesidades rodean la existencia del hombre sobre la tie• rra, no res~r·vadas a los Ministros del Señor. ' Ahora bien, el marco de exigencias en las Misio– nes es tan amplio, que incluye, además de las suyas pecualiares, cuantas existen en la vida civilizada, exi– .giendo por lo mismo, la presencia ·ae las Religiosas en el campo nisional. De ello se percataron bien pronto el Vicario Apostólico y los Padres Misioneros del Ca– roní. Por eso, Monseñor Nistal hizo las gestiones ne-
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