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de nicolaísmo no se deben exclusivamente a una reacción desequilibrada contra el cuasimonopo– lio moral de la «res lubrica». Intervienen tam– bién otras causas. Por ejemplo, la no menos des– equilibrada apertura de bastantes al mundo de hoy, tan metido en sexualidad y erotismo, y la desaforada exaltación de todo lo que es natura– leza. Tanto ponderar los valores naturales del hombre... No me extraña que cierto sacerdote, en reciente homilía, dijese impávido (y sin dete– nerse a matizar) que el hombre, para ser perfec– to, tiene que cultivar todo lo que hay en él, y puesto que se define como «animal racional», la animalidad no puede dejarse a un lado ... Cabe explicar y entender esto rectamente; pero, a juz– gar por ciertos gestos de oyentes, ni se explicó ni se entendió así. En fin, vean ustedes si datos como los que si– guen no dan derecho a pensar que un cierto neo– nicolaísmo bulle por ahí: - Un buen cura de pueblo, en momentos de abierta sinceridad, declara que él mismo ha ba– jado la guardia... porque «oigo ahora tantas co– sas a los compañeros... y parece que mucho de eso del sexto mandamiento no tiene ya la impor– tancia que antes se decía». - Otro (me lo han asegurado) escucha la con– sulta de un muchacho, acosado por cierta joven viuda, y le dice que no hay motivo para desdeñar a la solicitante: a nadie se perjudica, y hasta pue– de ser un modo de 'practicar la caridad' con ella... - Otros no se cansan de repetir que solamen– te el adulterio aparece claramente condenado en la Escritura. 206

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