BCCCAP00000000000000000000749

ginal y auténtico, de los primeros días. ¡Cuántas cosas de entonces, inapreciablemente buenas, han resurgido así para nosotros! Pero nunca la dicha es completa... Cuando menos se espera, surgen sorpresas desagradables. Y aquí tenemos en nuestro caso a los nicolaítas, que se actuali– zan en nuevos retoños. No andamos a caza de herejes ni de brujas. Pero el amor a la Iglesia y a la Verdad nos empu– ja a denunciar un no sé qué, difuso y confuso, que tiene todas las apariencias de un nicolaísmo redivivo. Veamos si no. ¿Cuál es hoy la actitud de bas– tantes eclesiásticos frente a ese sector de la Mo– ral que los «viejos» tratados rotulaban «De pec– catis luxuriae» o «De peccatis contra sextum De, calogi praeceptum»? No me refiero para nada a las caídas o mise– rias de hecho que puede haber entre nosotros -frágiles criaturas, al fin-, ni tampoco a las más escandalosas infidelidades, que tanta mate– ria de conversación dan a clérigos y laicos. Mise– rias e infidelidades de este tipo las ha habido siempre... De lo que se trata es de doctrina o actitud. Y lo que se denuncia es la posición que vienen tomando bastantes clérigos, decididos a convencerse y convencernos de que «los pecados de la carne», ni son -salvo muy raras excepcio– nes- tales pecados, ni tienen nada que ver con «la verdadera moral». Es cierto que en la enseñanza eclesiástica, du– rante mucho tiempo, y hasta fechas recientes, se había cargado tanto el acento moral sobre la materia dei sexto mandamiento, que para mu- 204

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz