BCCCAP00000000000000000000749
su estatura de hombre, y a nosotros nos resulta casi del todo extraño su rostro. Su hablar nos sorprende. Sus «evidencias» ya no son las nues– tras. Un esfuerzo de comunicación se impone ... No se trata, siempre y en todo, de refutar; ni siquiera de explicar. Lo más necesario es crear unas condiciones que permitan a las generaciones nuevas encontrar en la Iglesia no solamente una regla de fe, sino también la manera humana de vivir esta fe.» SEGUNDA: «Pronto estas dos palabras: «estruc– turas», «instituciones», van a sonar insistentemen– te en nuestros oídos ... Pero la obra del Concilio pide ciertamente algo más que ejecutores testa– mentarios u hombres de mano experta. La Histo– ria nos enseña mucho... Recordemos que sólo a través de los Santos llegó el Concilio de Trento a transfarmar nuestro país. «La verdadera cuestión de esta hora no es sim– plemente la de saber qué serie de disposiciones pondrán mejor en marcha la obra del Concilio Vaticano II; en el fondo es otra la gran cuestión: ¿veremos surgir mañana un Bérulle, un Francis– co de Sales, un Vicente de Paul, un Ollier? ¿Nos será dado contemplar, entre los seglares, un mo– vimiento de conversión bien madurado, de apos– tolado y de resurrección como el que conoció aquella época?» Sobre estas dos observaciones del párroco pa– risiense habría mucho que decir... Resulta aquí evidente, que la falta de fe y el mismo ateísmo son ya como una atmósfera que respiran muy amplios sectores de nuestros hom– bres contemporáneos. «En este tiempo nuestro 200
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz