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levisión, las novelas y las publicaciones gráficas, más que deportistas, cantantes, «estrellas», «gangsters» y mujeres «elegantes» siempre en aventuras? Las vidas personales, aún no reciamente con– formadas, suelen ser fatalmente deformadas por lo que se respira en el ambiente. Renato Descartes, que no es ningún tipo anó– nimo, había puesto de moda en la Francia del siglo XVII los estudios matemáticos; en especial, los de geometría. Años después, el 4 de marzo de 1686, «Le Journal des Savants» podía escribir lo siguiente: «Desde que los matemáticos han en– contrado el secreto de introducirse hasta en las callejuelas y de hacer entrar en los gabinetes de las damas los términos de una ciencia tan seria como las matemáticas -gracias al 'Mercure ga– lant'-, se dice que no se habla allí más que de problemas, corolarios, teoremas, ángulo recto, án– gulo obtuso, romboides, etc.... Y ha habido dos señoritas, aquí, en París, a quienes esta clase de estudios ha embrollado de tal modo el cerebro, que una no ha querido oír cierta v~ntajosa pro– posición de matrimonio, a menos que el mucha– cho aprendiera antes el arte de hacer lentes, de que tanto ha hablado el 'Mercure galant'; y otra ha rechazado a un hombre perfectamente estima– ble, porque, en el tiempo que ella le había asig– nado, él no fue capaz de producir nada nuevo so– bre la cuadratura del círculo ... » Todo esto se encuentra en un libro perfecta– mente serio de Paul Hazard: La crisis de la con– ciencia europea, tercera parte, cap. VI, pág. 269. Las consecuencias, para quienes sienten el apremio de lograr una juventud mejor, no son muy difíciles de sacar... 175

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