BCCCAP00000000000000000000745
-¿ Y qué alimento le has dado al pobre pequeño? -Comida masticada antes por mí. No tengo leche. Mis pechos están agotados. El niño tenía una obstrucción terrible. ¡Cuántos in– diecitos mueren en la infancia por falta de alimento ade– cuado! A todo correr llega otro para avisarme que una in– dia se está muriendo en la maloca. Sin más, dejo la ocu– pación en que me hallo ; agarro el maletín de los San– tos Oleos y, después de tres ho1·as de jornada a pie, lle– go al lugar de la enferma. Tenía ya dos días sin poder dar a luz. El esposo había tenido que extraerle el niño cortándole miembro por miembro con una navaja ordi– naria sin desinfectar. ¡Cuántas madres y niños mueren en estos casos por falta de un médico o de una partera ! Basten estos casos para citar entre los mil que le ocu– rren al misionero en aquellas apartadas regiones, don– de tiene que ser padre, abogado, juez, médico, maestro, albañil, carpintero, labrador y cocinero. 6.-ESCARMIENTO EN CABEZA AJENA, Fue cosa de la que siemp1·e tuve gran sentimiento no haber aprendido antes de ir a las Misiones, algunos ru– dimentos sobre medicina, artes y oficios, pues me hu– híesen prestado allí gran servicio. Como no teníamos ofi– ciales civilizados, porque no los había y porque nuestra gran pobreza no nos permitía llevarlos de tan lejos, te– níamos que suplir con el discurso y la intuición el modo de construir casas a base de piedra y ladrillo, el modo de hacer muebles, aserrar tablas, y así de los otros oficios. Yo sentía afición especial por la carpintería, tal vez 154
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz