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so. Se propu;¡na un retorno a actitudes y comporta– mientos que descubran que el cristiano es cristiano y que el religioso es religioso. Naturalmente, se trata de ser lo que se es, de actuar en conformidad con las exigencias del propio estado, sin embozos ni mixtifi– caciones. Se trata de proyectarse a sí mismos tal co– mo son, en SJ razón más profunda, de "identificarse". Todos están de acuerdo en cuanto al contenido de esta identificación: cada uno debe ser lo que profesa ser. La divergencia viene al concretar los datos de es– ta "identidad '. Por una parte, hay quienes quieren una identidad jurídica y externa para que en todo mo– mento se vea que el religioso es religioso. Para ello debe vestir s, empre como religioso porque así se edi– fica más a los seglares. No basta ser bueno, hay que parecerlo también. Claro está que lo principal es la identidad teológica: que el sacerdote tenga plena con– vicción de que lo es y que viva su ordenación con to– das las consecuencias. Por otra parte, hay quienes entienden la "identidad" como una forma inalienable de ser. Con esto a salvo, no importa que el religioso vaya de hábito o de mono. Cuando se trata de opciones libres, la actitud hu– mana más razonable es el respeto a la conciencia del prójimo. Pero lo que debemos exigir es que cada uno sea fiel a sí 11ismo y que obre en conformidad con sus convicciones Es mucho más consecuente, es decir, mucho más auténtico un conservador abierto al diálo– go que un progresista que quiere imponer sus ideas de un modo dictatorial. Es más auténtico un progre– sista que acepta humildemente la corrección de su obispo que un conservador que critica al obispo bené– volo. La autenticidad no es cosa "nueva". La historia 109
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