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AUTENTICOS La autenticidad es una de las virtudes que más cotiza el hombre de nuestros días. Hans Küng le otorga un li– derato moral en las nuevas corrientes de la moral reno– vada. La juventud está hipersensibilizada y exige con energía un "retorno" a la sinceridad y a la autenticidad. Pero ¿cómo se entiende esta autenticidad? ¿Qué es, en el fondo? La autenticidad es una forma de ser, es un es– tilo de vida, es una configuración moral del hombre que le lleva a ser fiel a sí mismo. En este sentido podemos decir que un hombre es auténtico siguiendo sus con– vicciones, aun en el caso de que esté equivocado. Claro que hay un límite sutil en que la autenticidad, defendida a ultranza puede degenerar en tozudez o en fanatísmo.– Pero esto sucede con las demás virtudes que pueden ser conculcadas por exceso y por defecto. En la moral hay zonas limítrofes que dan por un lado a la virtud y por el otro al desorden. La autenticidad consiste en que el comportamiento de cada hombre sea una consecuencia normal de sus convicciones. Cada uno obra en el fondo como debe obrar cuando es auténtico. En este terreno, la autenti– cidad es verdad moral, es decir, una perfecta adecua– ción entre el modo de actuar y el modo de pensar. Estas reflexiones nos llevan de la mano a un tema de gran actualidad en todos los campos y, creo que de un modo especial, en el de la vida religiosa: la "IDEN– TIDAD". Se habla mucho hoy día de la pérdida de identidad en el cristiano, en el sacerdote, en el religio- 108

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