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no se cuenta con los medios proporcionados, que es el caso que nos sirve de pauta. Sin embargo, una ojea– da a la historia nos demuestra que lo que fueron con el tiempo grandes obras empezaron -como en el Evangelio- siendo humildes granos de mostaza. Francisco de Asís es un hombre especialmente do– tado para la amistad. Lo mismo sucede con Teresa de Jesús, la monja andariega, y con Teresita de Lisieux, que lo describe deliciosamente en la "Historia de un alma". Los tres son "inconformistas", ante un ambien– te pernicioso de vulgaridad que se ha hecho norma de vida. Languidecen los ideales y se llega a un punto muerto en que se vegeta y se deja hacer. Y surge la protesta interior que va tomando forma en una "revisión de vida" y en la toma de conciencia de que las cosas no pueden seguir así. Está dado el primer paso. Luego, la vida se complica porque no es nada fácil abrir nuevos caminos. Desde el propósito de cambio radical hasta la realización práctica suele haber un largo espacio de luchas, contradicciones, de– cepciones, marcha atrás, caídas y levantamientos. Es la decisión optimista, pero vacilante de Agustín que grita obsesionado: "Mañana", dolorido porque no ha podido ser ya hoy. Son los "rodeos" de Teresa de Avi– la que sabe que tiene que romper con su "mundani– .dad", pero busca pretextos para prolongar el tiempo de la ruptura. Es Teresita que 110 acaba de dejar de ser "voluntariosa". Es =rancisco que no quiere deci– dí rse a comprender de una vez lo que Dios quiere que entienda sin la más leve sombra de duda. Las dilaciones surgen del miedo y de la propia in– seguridad. En definitiva. el hombre se agarra por ins– tinto a lo conocido, a lo seguro porque en lo descono– cido existe siempre el riesgo de perderse, sobre todo 99
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