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HOMBRES DE TEMPLE De cuando en cuando surgen en las comunidades humanas hombres especialmente capacitados para obras de grandes dimensiones. Las cualidades más re– levantes de estos hombres son la tenacidad, el esfuer– zo, la fortaleza y la audacia. Se fijan una meta y hacia ella van contra viento y marea. Terminan por imponer– se porque la victoria es de los esforzados, de los te– naces, de los perseverantes. Estamos en la cantera de los "líderes", de los "fun– dadores", de los reformadores. Hombres de carácter que han nacido para dirigir grupos, para acaudillar empresas, para crear obras ambiciosas. Son dinámicos y viven siempre proyectados hacia el futuro. Su sola presencia basta para despertar 'de la rutina, del cos– tumbrismo y de la pereza a los adormilados en el con– formismo y en la burguesía. La historia nos ha dejado unos cuantos ejemplos inolvidables. Personalmente, me inclino por Francisco de Asís y por las dos Teresas, la de Avila y la de Li– sieux. En la historia de estas almas, dentro de su ri– queza de matices, de sensibilidad, de personalidad, en– contramos las mismas notas características del "hom– bre de temple": el carácter rectilíneo, la visión clara de las cosas y el riesgo, deliberadamente asumido. La tarea de abr!r caminos nuevos es siempre deli– cada y comprometida. No se puede acometer sin una reserva razonable de intuición, instinto, clarividencia, fuerzas de renuevo y esperanza. Sobre todo, cuando 98

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