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HORNO ARDIENTE DE. CARIDAD 171 hombres tienen sólo una bondad relativa y muy limitada. San Juan, Apóstol del Amor, escribe: «Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de obra y de ver– dad. En eso conoceremos que somos de la verdad, y nuestros corazones descansarán tranquilos en El ... » (55). San -Pablo, después de hablar de la necesidad de la caridad, indica también sus cualidades: «La caridad es paciente, es benigna; no es envidiosa, no es jactanciosa, no se hincha ; no es descortés, no es interesada, no se irrita, no piensa mal; no se alegra de la injusticia, se complace en la verdad ; todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo tolera» (56). Nuestro amor al prójimo debe ser benéfico, hacer bien, comunicar la bondad e irradiar felicidad. Por la práctica de las. catorce obras de misericordia, espirituales y cor– porales, podemos ejercitar el amor benéfico para con nuestro prójimo. Hacer a los otros lo que queremos que hagan con nosotros ; no hacer a los demás lo que no queremos para nosotros mismos. Coloquios y súplicas. ¡ Corazón dulcísimo de ,Jesús!, llena mi corazón de amor bondadoso y efectivo para con mi prójimo ; que yo ame con verdad a todos mis seme– jantes, sin aceptación ni exclusión de personas. Que haga el bien a todos mis amigos y enemigos ; que vuelva bien por mal. La bondad atrae, cautiva, gana los corazones. Las dádivas quebrantan piedras. Demos y se nos dará; perdonemos y nos perdonarán ; olvidemos las ofensas, las ingratitudes y las injurias. Digamos con Jesús en la cruz: «Sefíor, perdónales, porque no saben lo que hacen.» (55) I Jn., III, 18. (56) I Cor., XIII, 4-7.
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