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cuentro de Jesús pertenecían a esta Asociación e intentaban cumplir aquella piadosa acción. Jesús las consoló de algún modo, exhortán– dolas a que no lloraran por El, sino por ellas mismas y por sus hijos, contemplando las des– gracias que vendrían sobre la ciudad deicida de Jerusalén, a la cual apostrofa Isaías diciendo: "¡Oh gente pecadora, pueblo cargado de ini– quidad, raza malvada, hijos desnaturalizados! Se han apartado de Y avé, han renegado del Santo de Israel, le han vuelto las espaldas ... Vuestra tierra será devastada; vuestras ciuda– des, quemadas; a vuestros ojos, los extranjeros devorarán vuestra tierra, asolada con asolación de enemigos. Ha quedado Sión como una ca– baña de viña, como choza de melonar, como ciudad asolada" (2). Consideraciones. l. Grito profético de Cristo.-Cuando Pi– latos quería librar a Jesús reconociendo que no había en El causa justa de condenación, el pue– blo contestó diciendo: "Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos" (3). Jamás un grito semejante se había oído en la historia de la Humanidad. Porque días vendrán en que se dirá: "Dichosas las estériles, y los vientres que no engendraron, y los pechos que no amaman- (2) Is., I, 4, 7-8. (3) Mau., X.XVII. 25. - 235
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