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Pablo: "¿Quién nos arrebatará al amor de Cris– to? La tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada. Según está escrito: Por tu causa somos entre– gados a la muerte todo el día... , somos mirados como ovejas destinadas al matadero. Mas en to– das estas cosas vencemos por aquel que nos amó. Porque persuadido estoy que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los principados, ni lo presente, ni lo venidero, ni las virtudes, ni la altura, ni la profundidad, ni ninguna otra criatura podrá arrancarnos al amor de Dios en Cristo Jesús, nuestro Señor" (3). Estamos en el valle del destierro, donde no podemos tener la felicidad completa. Nuestra vida está mezclada de gozos y dolores. Cada uno tenemos que llevar nuestras cruces pesadas o ligeras. A la luz no se llega sino por la cruz. La naturaleza huye de la cruz, del dolor y de las adversidades, de todo lo que molesta inte– rior o exteriormente. Debemos seguir a Jesús y María en el Vía Crucis de la vida; para esto se necesitan forta– leza, vigor y generosidad. Seguir por el cami– no áspero de la adversidad en silencio, sin la– mentos, sin quejas. No sólo debo sufrir yo, sino también ayudar, consolar y socorrer a los otros, que son mis hermanos, miembros de un mismo Cuerpo Mís– tico, hijos de Jesús y María. !3) Rom., VIII, 55-59. 200 --
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