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por envidia se lo habían entregado los príncipes de los sacerdotes. Pero los príncipes de los sacerdotes excitaban a la muchedumbre para que les soltase a Barrabás. Pilato de nuevo pre– guntó y dijo: "¿Qué queréis, pues, que haga de este que llamáis rey de los judíos?" Ellos otra vez gritaron: "¡Crucifícale! ¡Crucifícale!" Pila– to, queriendo dar satisfacción a la plebe, les soltó a Barrabás, y a Jesús, después de haberle azotado, lo entregó para que le crucificasen. Los soldados le llevaron dentro del atrio, esto es, al Pretorio, y convocaron a toda la cohorte, y le vistieron una púrpura y le ciñeron una co– rona tejida de espinas; y comenzaron a salu– darle: "Salve, rey de los judíos." Y le herían en la cabeza con una caña, y le escupían, e hin– cando la rodilla le hacían reverencias. Después de haberse burlado de El, le quitaron la púr– pura y le vistieron sus propios vestidos" (1). San Lucas añade la presentación a Herodes. Pilato "preguntó si aquel hombre era galileo, y enterado de que era de la jurisdicción de Hero– des, le envió a éste, que estaba también en Je– rusalén por aquellos días. Viendo Herodes a Jesús, se alegró mucho, pues desde hacía bas– tante tiempo deseaba verle, porque había oído hablar de El, y esperaba ver de El alguna señal. Le hizo bastantes preguntas, pero él no le con– testó nada. Estaban presentes los príncipes de los sacerdotes y los escribas, que insistentemen- (1) Marc., XV, 1-20. 168 -
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