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Octubre m100 de su puesta en servicio, un entusiasta colaborador de esta fundación benéfico-social. En 1963 fue trasladado al convento del Sagrado Corazón rnmo párroco y superior; y en 1966 pasó al convento de Valla– dolid en calidad de superior de la fraternidad. El año 1967 le brindó la oportunidad de nuevas experien– cias, esta vez en Venezuela. Con el fin de suplir a los hermanos que disfrutaban sus vacaciones, tuvo la oportunidad de recorrer varias fraternidades y de enriquecerse con nuevas formas de apostolado, que si no eran diferentes en su contenido a las rea– lizadas en España, sí lo eran por la forma y el ambiente en que se desarrollaban. De regreso a España, quedó integrado en la fraternidad de J esús de Medinaceli con la finalidad de asistir a un curso de teo– logía pastoral en el Instituto León XIII de Madrid. Parece que su experiencia americana le había inyectado nueva savia y anhe– los de ponerse al día en las nuevas técnicas de evangelización. En 1969 retornó a tierras manchegas para trabajar como coadjutor en la parroquia de Manzanares. Ni los trabajos ni las gentes eran desconocidas para él. La capellanía en la cárcel de Herrera de la Mancha, la responsabilidad de la pastoral juvenil y prematrimonial, clases de bachillerato nocturno, atención espiritual al club Jace, etc., fueron algunas de las ocupaciones que llenaron su agenda de trabajo en los seis años de su segun– da permanencia en Manzanares. Los años posteriores fueron de gran movilidad para el her– mano Benito, que recorrió varias fraternidades: en San Antonio fue párroco y vicario (1978); en Vigo (1984-1993) desempeñó los cargos de coadjutor, párroco y superior; en 1993 pasó a Gijón como coadjutor; en 1996 fue destinado a La Coruña co- 450
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