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Octubre Corazón de Usera prestando sus servicios en la parroquia, asis– tiendo a comunidades de religiosas y predicando esporádica– mente en diversos lugares. En 1984 fue trasladado a la fraternidad <le Jesús Je Medi– naceli, también en Madrid. Éste sería su postrer destino. A pesar de su avanzada edad, aprovechó cuantas ocasiones se le brindaron para hacer una escapada a tierras manchegas con el fin de realizar suplencias en Manzanares, confesar a las religio– sas o predicar la novena de San Cayetano como venía haciendo desde hacía más de cuarenta años, «sin haber repetido nunca el mismo sermón». (Es un detalle al que no le falta mérito). Esteban había gozado siempre de buena salud; y las revisio– nes médicas que últimamente se hacía con frecuencia parecían contradecir la predicción que él mismo se había hecho, allá por el año 1984, de que le «quedaban cuatro años y algunos meses de vida». La verdad es que sus fuerzas se iban paulatinamente mer– mando. Sin enfermedad grave acusaba, no obstante, las moles– tias de una especie de llagas que le aparecían en las piernas y que terminaban curándose con los cuidados oportunos. El 12 de mayo de 1998 ingresó, casi sin poder moverse, en la enfermería provincial. Una rotura de cadera influyó para que sus movimientos se hicieran cada vez más complicados, hasta el punto de necesitar ayuda para moverse. En los primeros días del mes de octubre fue trasladado a la clínica de La Milagrosa en estado precomatoso, con acusada insuficiencia cardíaca y encharcamiento de los pulmones. Tras una mejoría transitoria regresó a la enfermería de San Antonio, donde su corazón dejó de latir el 12 de octubre de 1999. Se celebraron los funerales en la cripta de Jesús de Medinaceli y 444

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